martes, 20 de enero de 2026

La Deshumanización De La Política

La Deshumanización De La Política 


Critian Beltrán Barrero 


Introducción 


En un mundo cada vez más polarizado, la política se ha convertido en un terreno fértil para la deshumanización del "otro": aquel que piensa diferente, pertenece a un grupo étnico, social o ideológico opuesto. Este ensayo crítico explora la forma en la que los líderes políticos, a menudo encarnados en figuras caudillistas o autoritarias, promueven narrativas que reducen a los adversarios a entidades subhumanas, facilitando la opresión, la violencia y el neofascismo. 


Partiendo de conceptos psicológicos como la Teoría de la Identidad Social, analizaremos el fenómeno de la "representación" política, las evidencias históricas y contemporáneas de deshumanización, sus graves consecuencias, y, finalmente, propuestas concretas para humanizar la política en sus diversos niveles. El objetivo es no solo denunciar esta dinámica perversa, sino ofrecer vías para restaurar la dignidad humana en el discurso y el proceso político, promoviendo sociedades más inclusivas y empáticas. 


  1. El Fenómeno de la “Representación” 


La sensación de sentirse "representado" por una figura política, religiosa, ideológica o caudillista es un fenómeno psicológico profundo, arraigado en la construcción de la identidad humana y la búsqueda de pertenencia, seguridad y significado en un mundo complejo. Este proceso no es mero capricho; responde a mecanismos evolutivos y sociales que nos impulsan a alinearnos con líderes que encarnan nuestros valores o aspiraciones colectivas. 


  1. La Teoría de la Identidad Social (Tajfel y Turner) 


La explicación principal radica en la Teoría de la Identidad Social, desarrollada por Henri Tajfel y John Turner en las décadas de 1970 y 1980. Según esta teoría, nuestra autoestima y sentido de identidad no dependen sólo de rasgos individuales, sino también de los grupos a los que pertenecemos (familia, clase social, nación, religión, partido político, etc.). 


Proceso clave: Categorizamos el mundo en "nosotros" (endogrupo) y "ellos" (exogrupo). Para preservar una identidad positiva, favorecemos al endogrupo y nos diferenciamos positivamente de los otros, a menudo minimizando sus cualidades o exagerando sus defectos. Cuando un líder encarna los valores, normas o el prototipo ideal del grupo —es decir, representa lo que "nosotros" somos o aspiramos a ser—, generamos una identificación profunda. Esto produce la ilusión de que "nos representa": sus éxitos se convierten en los nuestros, sus luchas en las nuestras, y sus palabras articulan lo que sentimos pero no expresamos. 


Ejemplo: Un líder que denuncia a "las élites corruptas" en favor de "la gente común" hace que sus seguidores se sientan parte de un colectivo valorado y unido. Esta identificación satisface necesidades básicas: pertenencia (según Maslow), autoestima y reducción de incertidumbre en entornos caóticos, como crisis económicas o pandemias. 


  1. Liderazgo Carismático y Prototipicidad


Los líderes efectivos son percibidos como prototípicos del grupo, según estudios en psicología del liderazgo (por ejemplo, trabajos de Michael Hogg). No necesitan ser "como todos", pero deben simbolizar el ideal grupal: valentía, moralidad o visión transformadora. En contextos de crisis —económica, social o de identidad amenazada—, las personas gravitan hacia líderes que ofrecen una narrativa clara de "nosotros unidos contra ellos". Esto explica los cultos de personalidad en regímenes autoritarios (como en la Unión Soviética de Stalin) o movimientos ideológicos contemporáneos: el líder se erige como símbolo sagrado, similar a iconos religiosos, fusionando lo personal con lo colectivo. 


  1. Necesidades Emocionales y Motivacionales


  1. Pertenencia y seguridad: En sociedades polarizadas o inciertas, identificarse con un líder fuerte mitiga la ansiedad existencial. Él proporciona un "nosotros" cohesionado, actuando como ancla en un mar de inestabilidad. 

  2. Validación de valores y emociones: El líder articula frustraciones, esperanzas o resentimientos reprimidos, haciendo que sus seguidores sientan: "Él habla por mí". 

  3. Proyección: Influenciados por teorías psicoanalíticas de Freud, proyectamos en el líder aspectos ideales de nosotros mismos (fuerza, integridad) o incluso figuras parentales, mediante procesos de transferencia. 


  1. Aspectos Más Extremos 


En casos intensos —caudillos, cultos ideológicos o religiosos—, emerge una adoración casi mística: el líder como "salvador" que llena vacíos existenciales o suplanta instituciones debilitadas. Esto no es inherentemente patológico; es un mecanismo humano universal para navegar la complejidad social. Sin embargo, puede ser manipulado en contextos de polarización, derivando en lealtad ciega, rechazo al disenso y, en última instancia, aval a políticas opresivas. En resumen, nos sentimos representados porque estos líderes refuerzan nuestra identidad grupal, nos integran en algo mayor y validan nuestra cosmovisión, explicando las pasiones intensas en la política e ideología. 


  1. Cuando el “Caudillo” Vende Guerra, “Neofascismo”, Opresión y Sus Súbditos lo Avalan: La “Legitimación del Fascismo” 


Un fenómeno recurrente en la política colombiana —y, sin duda, global— es la deshumanización del contrario: la destrucción moral del otro para deslegitimarlo, mediante calumnias, mentiras, engaños, falacias, subterfugios distractores, blasfemias, falsedades, tergiversaciones y deformaciones perversas de la realidad. El objetivo es "destruir" moralmente al adversario, erosionar su imagen y, sobre todo, deshumanizarlo, convirtiéndolo en un "homo sacer" —como teorizó Giorgio Agamben—, un ser despojado de derechos, un paria al que no vale la pena respetar ni proteger su vida, sino al contrario, exponerlo a la violencia. 


Prueba de ello es la escalada reciente de Estados Unidos contra Venezuela (durante la era Trump y posterior), alimentada por mentiras, falsedades, calumnias, difamaciones y falacias que venden odio para deslegitimar la humanidad del "otro" y justificar intervenciones. Esta dinámica no es nueva; a lo largo de la historia, líderes han empleado retórica deshumanizante para justificar represión, consolidar poder o incitar violencia contra grupos percibidos como "el otro". Aunque trasciende ideologías, se manifiesta con mayor virulencia en regímenes autoritarios o conflictos intensos. 


  1. La Evidencia Histórica


La deshumanización siempre ha desembocado en genocidios, masacres y tragedias masivas. Ejemplos clave: 


  1. Alemania nazi contra judíos: Hitler y su régimen deshumanizaron a judíos, gitanos y otros como "parásitos", "vermin" o "ratas", facilitando el Holocausto (6 millones de muertes). 

  2. Genocidio de Ruanda (1994): Líderes hutus deshumanizaron a tutsis como "cucarachas" vía radio, catalizando 800.000 asesinatos en 100 días. 

  3. Guerra de los Balcanes (1990s): Fuerzas serbias deshumanizaron a bosnios musulmanes (bosniacos) y croatas como "infieles" o "traidores", justificando limpiezas étnicas como la masacre de Srebrenica (más de 8.000 muertos). (Corrección: No involucraba "cosacos", que son un grupo étnico ruso; el conflicto principal fue entre serbios, bosnios y croatas). 

  4. Plan Cóndor en Latinoamérica: Dictaduras de derecha (apoyadas por EE.UU.) deshumanizaron a izquierdistas como "subversivos" o "terroristas", resultando en decenas de miles de desaparecidos en países como Chile, Argentina y Uruguay. 


  1. Líderes históricos emblemáticos: 


  1. Adolf Hitler (Alemania, 1933-1945): Como líder del régimen nazi, promovió la deshumanización de judíos, gitanos y otros grupos minoritarios al referirse a ellos como "parásitos", "vermin" o "ratas", lo que facilitó el Holocausto y la persecución sistemática. Esta retórica se integró en la propaganda estatal para normalizar la violencia.

  2. Francisco Franco (España):

  3. Benito Mussolini (Italia): 

  4. Pinochet

  5. Fujimori

  6. Videla y Junta Militar

  7. Bordaberry

  8. Stroassner

  9. Mariano Ospina Perez, Laureano Gomez (periodo de “La Violencia en Colombia”) y Frente Nacional (Misael Pastrana, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso Lopez Michelsen, Guillermo León Valencia)

  10. Líderes hutus en Ruanda (1994): Figuras como Théoneste Bagosora y otros en el gobierno interino deshumanizaron a los tutsis como "cucarachas" a través de radios y discursos, lo que catalizó el genocidio ruandés, resultando en aproximadamente 800,000 muertes en 100 días.


  1. Líderes contemporáneos: 


  1. Donald Trump (Estados Unidos, 2017-2021): Como presidente, utilizó retórica deshumanizante contra inmigrantes y opositores, refiriéndose a ellos como "animales", "violadores", "muy malos matones" o "miembros de pandillas", lo que se ha asociado con un aumento en la polarización y amenazas de violencia. Esta lenguaje ha sido criticado por normalizar la discriminación y contribuir a un clima de hostilidad.

  2. Itamar Ben-Gvir (Israel, Ministro de Seguridad Nacional, 2022-presente): Ha llamado a activistas pro-palestinos y opositores "terroristas" o "apoyadores del terror", deshumanizándolos para justificar restricciones y negación de ayuda humanitaria en contextos de conflicto.

  3. Benjamin Netanyahu (Israel): Netanyahu ha sido acusado por organizaciones internacionales, expertos en genocidio y medios como Al Jazeera, The Guardian y AP News de emplear lenguaje que deshumaniza a palestinos, especialmente en el contexto de la guerra en Gaza post-7 de octubre de 2023.

    1. Referencia bíblica a Amalek: En discursos televisados (octubre 2023 y posteriores), Netanyahu invocó el pasaje bíblico "Recuerden lo que les hizo Amalek" (Deuteronomio 25:17-19), que ordena la exterminación total de un pueblo enemigo, incluyendo mujeres, niños e infantes. Críticos como historiadores del Holocausto (Omer Bartov) y expertos en genocidio lo interpretan como una llamada implícita a la destrucción colectiva de palestinos o Hamas, equiparándolos a un enemigo absoluto. Fuentes como Mother Jones y Wikipedia lo describen como retórica genocida histórica usada por la extrema derecha israelí.

    2. Contraste "hijos de la luz" vs. "hijos de la oscuridad": Netanyahu ha descrito a israelíes como "hijos de la luz" frente a palestinos como "hijos de la oscuridad", "bárbaros" o "monstruos" viviendo bajo "la ley de la jungla". Esto se combina con declaraciones de ministros como Yoav Gallant ("luchamos contra animales humanos"), aunque Netanyahu ha aclarado que se refiere solo a Hamas, no a todos los palestinos.

  1. Volodymyr Zelenskyy (Ucrania): Zelenskyy ha sido directo en deshumanización personal, enfocándose en deshumanizar a Putin y al pueblo ruso como "terroristas" o "nazis". Términos deshumanizantes como "orcos" (de El Señor de los Anillos, criaturas brutales y subhumanas) y "rashists" (mezcla de "Russian" y "fascists") se han popularizado ampliamente en Ucrania, incluyendo referencias por Zelenskyy y funcionarios.

    1. Uso de "orcos": Desde 2022, ucranianos (incluyendo oficiales y medios) llaman "orcos" a soldados rusos, implicando que no son humanos sino bestias brutales, saqueadoras y sin mente propia (controladas por "Mordor", slang para Rusia). Zelenskyy lo ha mencionado en discursos, refiriéndose a la invasión como algo que dejará palabras como "orcos" y "ocupación" en el léxico temporal hasta la victoria. 


  1. Cuando el Neofascismo se Promueve desde el Poder y/o Liderazgo Político


Líderes como Donald Trump, Álvaro Uribe Vélez, Alberto Fujimori, Augusto Pinochet y Benjamin Netanyahu han promovido el neofascismo y la deshumanización desde el poder, vendiendo narrativas de "nosotros vs. ellos" para legitimar la opresión y el exterminio físico del otro, de quien piensa diferente a ellos. Esta promoción —representando grupos como inferiores o amenazas— genera impactos profundos. 


  1. Consecuencias históricas: 


  1. Genocidios y atrocidades masivas: La deshumanización ha sido un precursor clave de los genocidios. Por ejemplo, en la Alemania nazi, la ideología promovida por el régimen retrataba a judíos, gitanos y otros grupos como "parásitos" o "infrahumanos", lo que facilitó el Holocausto y la muerte de millones. De manera similar, en el genocidio de Ruanda en 1994, los líderes hutus deshumanizaron a los tutsis llamándolos "cucarachas", lo que normalizó la masacre de cientos de miles. En contextos coloniales, como la esclavitud transatlántica, los europeos deshumanizaron a los africanos para justificar su explotación y comercio como "propiedad", lo que resultó en siglos de sufrimiento y desigualdades persistentes.

  2. Violencia étnica y limpiezas étnicas: En casos como la esclavitud en América o las limpiezas étnicas en los Balcanes durante los años 90, la retórica política deshumanizante ha legitimado la discriminación sistemática y la expulsión forzada de poblaciones, generando desplazamientos masivos y conflictos prolongados.

  3. Erosión de derechos y libertades: En regímenes autoritarios, como en Irán post-1979 o en la India durante episodios de tensión étnica, la deshumanización ha llevado a la pérdida de libertades para grupos minoritarios, incluyendo mujeres y niños, y ha facilitado genocidios locales como el de los pandits de Cachemira.


  1. Consecuencias contemporáneas: 


  1. Polarización política y social: En democracias modernas, como en Estados Unidos o el Reino Unido, la deshumanización en el discurso político —por ejemplo, referirse a oponentes como "animales" o "enemigos"— fomenta la creencia de que ciertos grupos no merecen respeto o derechos equivalentes, lo que aumenta la polarización partidista y el apoyo a medidas autoritarias. Esto puede derivar en un debilitamiento de la democracia, como se ha visto en México con discursos populistas que fragmentan el sistema político.

  2. Normalización de la violencia y discriminación: La retórica deshumanizante justifica actos de violencia, como agresiones raciales o domésticas, y erosiona la movilidad social de grupos marginados. En contextos como la inmigración ilegal en EE.UU., ha llevado a divisiones profundas y a la percepción de personas como "ganado", facilitando políticas crueles y corrupción.

  3. Impactos económicos y culturales: En espacios laborales y políticos, la deshumanización reduce la productividad e innovación, al priorizar jerarquías ideológicas sobre el mérito. Por ejemplo, políticas de diversidad mal implementadas pueden crear entornos burocráticos opresivos, y en ideologías colectivistas, subordina los derechos individuales, generando crueldad normalizada.

  4. Apoyo a teorías conspirativas y autoritarismo: Fomenta la creencia en conspiraciones y el respaldo a líderes que promueven divisiones, lo que puede llevar a la destrucción familiar, aislamiento social y, en casos extremos, tácticas genocidas como la negación de atención médica a grupos vulnerables.


En resumen, la deshumanización socava sociedades estables, promoviendo ciclos de conflicto. 


  1. Solución


Debemos humanizar a todos los seres humanos, respetando diferencias. Evitar la deshumanización requiere un enfoque multifacético, desde lo individual hasta lo institucional. 


  1. Humanizar al Otro


Para humanizar a sujetos políticos, la otredad o quienes piensan diferente, adoptemos: 


  1. Prácticas de empatía activa: Escucha sus perspectivas sin juzgar, reconociendo su humanidad compartida (dolor, alegrías). Usa "escucha reflexiva": repite lo entendido para validar emociones. 

  2. Interacciones personales: Fomenta encuentros cara a cara o virtuales con "el otro" (ej. diálogos interpartidarios), revelando similitudes y disipando estereotipos. 

  3. Educación en diversidad: Integra currículos que enseñen historias de "el otro" desde su visión, promoviendo reconocimiento mutuo. 

  4. Rechazo a etiquetas: Evita reducir personas a "enemigos"; enfócate en acciones específicas, preservando su dignidad inherente. 


  1. Humanizar el Discurso Político


Para humanizar la narrativa, retórica y dialéctica política: 


  1. Lenguaje asertivo: Usa términos que reconozcan humanidad (ej. "personas con opiniones diferentes" en vez de "traidores"). Los líderes deben modelar esto, evitando metáforas animales. 

  2. Narrativas equilibradas: Medios y políticos deben presentar múltiples perspectivas, enfatizando hechos sobre emociones divisorias. 

  3. Dialéctica constructiva: Promueve debates basados en argumentos racionales, no ataques personales; usa técnicas como el "principio de caridad" (interpretar al otro de forma favorable). 

  4. Campañas contra odio: Plataformas digitales deben moderar retórica deshumanizante, fomentando discursos que unan en valores comunes como justicia y respeto. 


  1. Humanizar el Proceso Político


Para humanizar el proceso político: 


  1. Reformas institucionales: Implementa mecanismos de participación inclusiva, como asambleas ciudadanas que integren voces marginadas. 

  2. Políticas de reconciliación: Post-conflicto, usa comisiones de verdad (ej. en Colombia) para humanizar víctimas y perpetradores. 

  3. Educación cívica: Enseña habilidades de resolución de conflictos y empatía en escuelas, preparando ciudadanos para procesos democráticos humanizados. 

  4. Liderazgo ético: Exige códigos de conducta para políticos, con sanciones por deshumanización, y promueve coaliciones transversales. 


  1. Acciones Afirmativas A Nivel Individual, Social e Institucional

A nivel individual

  1. Cultivar empatía y perspectiva-taking: Practica ponerte en el lugar del otro imaginando sus experiencias, emociones y motivaciones. Por ejemplo, al interactuar con alguien de un grupo diferente, pregúntate: "¿Qué sentiría yo en su situación?". Estudios muestran que esto reduce sesgos y humaniza a las personas al reconocer su complejidad emocional. Actividades como leer literatura diversa o ver documentales sobre otras culturas pueden ayudar a construir esta habilidad.

  2. Confrontar y rechazar lenguaje deshumanizante: Cuando escuches o leas términos que reducen a personas a "animales", "parásitos" o "enemigos", interrúmpelo educadamente. Por instancia, responde con: "Eso suena como si estuviéramos olvidando que son personas con familias y sentimientos". Organizaciones como museos del Holocausto recomiendan identificar patrones tempranos, como insinuaciones sutiles, y responder con afirmaciones de humanidad compartida para detener la escalada.

  3. Auto-reflexión sobre sesgos: Examina tus propios prejuicios implícitos mediante herramientas como tests de asociación implícita (disponibles en sitios como Project Implicit de Harvard). Reconocer y desafiar estereotipos personales previene que contribuyas inadvertidamente a la deshumanización cotidiana, como en interacciones laborales o sociales.

A nivel social y comunitario

  1. Fomentar diálogos intergrupales: Participa o organiza encuentros entre grupos divididos (por ejemplo, talleres comunitarios o foros en línea) donde se compartan historias personales. Esto humaniza al "otro" al revelar similitudes y reduce la percepción de amenaza, como se ha demostrado en intervenciones post-conflicto en lugares como Ruanda o Irlanda del Norte.

  2. Promover narrativas inclusivas en medios y educación: Apoya o consume contenido que muestre la humanidad de todos los lados, como reportajes equilibrados que eviten polarización. En escuelas y comunidades, integra educación sobre la historia de la deshumanización (ej. Holocausto, esclavitud) para enseñar sus peligros y la forma de evitarlos, enfatizando valores compartidos como la dignidad humana.

  3. Construir culturas de inclusión en organizaciones: En entornos laborales o no lucrativos, implementa políticas que prioricen el respeto y la diversidad, como entrenamientos contra sesgos y canales para reportar discriminación. Esto evita la deshumanización institucional, reemplazándola con enfoques éticos que valoran a las personas por encima de etiquetas.

A nivel institucional y político

  1. Regulaciones contra retórica divisoria: Aboga por leyes o normas que limiten el discurso de odio en plataformas políticas y medios, como códigos éticos para líderes que prohíban lenguaje deshumanizante. Instituciones internacionales como la ONU recomienda monitoreo y sanciones para prevenir escaladas a violencia.

  2. Intervenciones basadas en evidencia: Apoya programas gubernamentales o ONG que usen estrategias probadas, como campañas de sensibilización pública o terapias grupales para reducir prejuicios. Investigaciones indican que intervenciones tempranas, antes de que la deshumanización se arraigue, son más efectivas para restaurar la empatía y prevenir conflictos.


  1. Conclusión 


La deshumanización en la política no es inevitable; es un constructo manipulable que, si no se confronta, perpetúa ciclos de violencia y regresión social. Al humanizar al otro, el discurso y el proceso político, podemos romper estas cadenas, fomentando sociedades donde la diversidad sea fuerza, no amenaza. Esto requiere compromiso colectivo: desde el ciudadano que rechaza el odio hasta el líder que modela la empatía. En última instancia, restaurar la humanidad en la política no solo previene tragedias, sino que construye un futuro de justicia, paz y prosperidad compartida. Invito a reflexionar: ¿Qué rol jugamos cada uno en esta transformación? Solo mediante acciones concretas y consistentes lograremos una política verdaderamente humana.