El Contrato Social en Tensión: Del Espejismo de la Autodefensa Civil a los Riesgos de una Constituyente RegresivaCristian Beltrán Barrero IntroducciónEl debate público contemporáneo en Colombia se encuentra atrapado entre dos tensiones críticas: la urgencia de seguridad ciudadana y la estabilidad de su arquitectura constitucional. Por un lado, surgen propuestas radicales que buscan convertir el porte de armas en un derecho fundamental, una idea que, aunque popular en ciertos sectores, desafía los cimientos mismos del contrato social y la jurisprudencia de derechos humanos. Por otro lado, la posibilidad de convocar una Asamblea Nacional Constituyente se presenta como una "Caja de Pandora"; un mecanismo que, lejos de profundizar el progresismo, podría ser capturado por mayorías de derecha y centro-derecha, poniendo en riesgo el espíritu garantista de la Constitución de 1991. El presente texto analiza los muros jurídicos de estas propuestas y las probables consecuencias de un cambio en las reglas de juego democráticas.
La elevación del porte de armas a derecho fundamental constituye un "imposible jurídico" en el marco de la Constitución de 1991, pues requeriría sustituir ejes definitorios del Estado y vulneraría el monopolio legítimo de la fuerza. Este es un escenario que toca el corazón de la estructura jurídica colombiana. La propuesta de Abelardo de la Espriella y otros sectores sobre el porte de armas como derecho fundamental no es solo un debate político, sino un desafío técnico de gran calado constitucional. Bajo el marco actual, es un planteamiento que choca con la arquitectura de la Constitución de 1991.
Actualmente, en Colombia no existe el "derecho a portar armas". Lo que existe es el monopolio de la fuerza en cabeza del Estado (Artículo 223 de la Constitución).
Para que el porte de armas sea un derecho fundamental, se requeriría una reforma constitucional profunda. Sin embargo, la Corte Constitucional utiliza el "Test de Sustitución".
Aquí hay una precisión técnica importante:
Tu observación es muy aguda: no se requiere ser Presidente para presentar la iniciativa.
Desde la dogmática jurídica, los derechos no son absolutos. Un "derecho al arma" entraría en conflicto con:
En conclusión, la propuesta funciona bien como eslogan de marketing político para sectores que sienten inseguridad, pero su implementación obligaría a desmantelar gran parte de la jurisprudencia de derechos humanos que Colombia ha construido en las últimas tres décadas.
Proponer el armamento civil no es una solución técnica, sino una confesión de inoperancia estatal que traslada la carga del orden público al ciudadano, renunciando a resolver las causas estructurales del delito. Ese argumento toca la raíz de lo que la ciencia política denomina el "Contrato Social". Según teóricos como Hobbes, Locke o Rousseau, el ciudadano cede su derecho al uso de la fuerza al Estado a cambio de que este le garantice seguridad, orden y justicia. Cuando sectores políticos proponen que el ciudadano se arme, muchos analistas y juristas sostienen que el Estado está, en efecto, firmando una "declaración de quiebra moral y operativa". Aquí te detallo los puntos que sostienen esa tesis del Estado "mediocre" o "inoperante":
El pilar de un Estado moderno es el monopolio legítimo de la violencia. Si el Estado le dice al ciudadano: "tenga un arma y defiéndase", está admitiendo tácitamente que:
Bajo esta lógica, el Estado no solo se rinde ante la delincuencia, sino que le impone al ciudadano una carga desproporcionada:
La delincuencia no es un fenómeno espontáneo; tiene causas profundas como la desigualdad, la falta de acceso a la justicia, la deserción escolar y la falta de oportunidades económicas.
Si el porte se vuelve un derecho fundamental, el Estado pasa de ser el garante de la vida a ser un simple espectador de una guerra entre civiles. Esto debilita la figura del juez y del policía, y nos devuelve a una suerte de "Ley del Talión" modernizada, donde el poder no emana de la ley, sino de la capacidad de fuego.
Finalmente, se argumenta que este discurso favorece a la industria armamentista y a las empresas de seguridad privada. Al declarar que el Estado "le quedó grande" la seguridad, se abre un mercado masivo donde la protección deja de ser un derecho ciudadano gratuito para convertirse en una mercancía que solo puede pagar quien tiene recursos. En conclusión: Desde esta perspectiva crítica, la propuesta no busca "empoderar" al ciudadano, sino despojar al Estado de sus obligaciones básicas. Es la confesión de que la estructura pública ha fallado en su propósito esencial: permitir que la gente viva sin miedo sin necesidad de andar armada.
La actual correlación de fuerzas políticas y el control de los medios de producción sugieren que una nueva Constituyente resultaría en una mayoría conservadora, capaz de desmantelar las conquistas sociales y los derechos fundamentales vigentes. Este análisis toca el nervio más sensible del debate político actual en Colombia: el riesgo de que el mecanismo diseñado para "cambiar las cosas" termine siendo capturado por las fuerzas que se pretenden transformar. Esta preocupación no es infundada, pues se basa en la aritmética electoral y en la sociología del poder en Colombia.
El argumento sobre el control mediático y económico es clave en una campaña de corto aliento (como la de una Constituyente).
Para calcular las probabilidades, debemos mirar los datos más recientes:
Si aplicamos el comportamiento electoral reciente y la tendencia de "voto castigo", una proyección de una asamblea de 36 miembros podría verse así:
En este escenario, el bloque Derecha + Centro-Derecha sumaría entre 24 y 28 curules, superando ampliamente los dos tercios (⅔) o la mayoría simple necesaria para tomar decisiones trascendentales.
Una asamblea con esa configuración tendría el poder de:
La probabilidad de que el "Centro-Derecha" y la "Derecha" obtengan la mayoría de las curules es muy alta (estimada en un 70% - 75%), bajo las siguientes premisas:
El miedo que describes es la lógica de la "Caja de Pandora". Abrir la Constitución en un momento de polarización y con una correlación de fuerzas desfavorable para el gobierno de turno podría resultar en una carta magna mucho más conservadora y restrictiva que la de 1991, la cual, paradójicamente, es considerada una de las más progresistas del mundo en materia de derechos fundamentales.
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viernes, 22 de mayo de 2026
El Contrato Social en Tensión: Del Espejismo de la Autodefensa Civil a los Riesgos de una Constituyente Inversa
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