lunes, 22 de junio de 2026

El Escudo De La Autoridad: El Miedo A La Libertad Y El Fenómeno Iliberalismo En Colombia

El Escudo De La Autoridad: El Miedo A La Libertad Y El Fenómeno Iliberalismo En Colombia


Cristian Beltrán Barrero


Prólogo


En la ciencia política, el iliberalismo (o democracia iliberal) se define como un modelo de gobierno en el cual un mandatario o partido accede al poder de manera legítima a través de elecciones democráticas, pero, una vez en el cargo, erosiona de forma sistemática los límites constitucionales, los contrapesos institucionales y las libertades civiles. En términos sencillos, el iliberalismo separa la democracia del liberalismo:


  • Mantiene la Democracia: Sigue celebrando elecciones, permitiendo el voto y apelando constantemente a la voluntad de la mayoría para legitimarse.

  • Destruye el Liberalismo: Ignora o debilita la separación de poderes (ataca al Congreso o a las Cortes), persigue o estigmatiza a la prensa independiente, restringe los derechos de las minorías y vulnera garantías judiciales como el debido proceso.


  1. Los 4 Pilares del Iliberalismo


Para identificar un fenómeno iliberal, los politólogos buscan cuatro características fundamentales:


  • Hiperpresidencialismo: El poder Ejecutivo busca gobernar mediante decretos o reformas exprés, argumentando que el Congreso o los jueces son "obstáculos" que impiden cumplir la voluntad del pueblo.

  • Retórica de "El Pueblo vs. Las Élites": El líder se autoproclama el único y verdadero representante del "pueblo soberano". Bajo esta lógica, cualquiera que lo critique o le ponga límites legales (un juez, un periodista, la oposición) no es un contradictor legítimo, sino un "enemigo de la patria".

  • Uso de la ley para debilitar la ley: A diferencia de una dictadura militar que rompe la Constitución con un golpe de Estado, el gobernante iliberal utiliza reformas legales y lagunas jurídicas para desmantelar la democracia desde adentro, de manera gradual y formalmente "legal".

  • Nacionalismo y control moral: Suele justificar la restricción de libertades individuales apelando a la protección de los valores tradicionales, la religión, la seguridad nacional o la identidad colectiva frente a "amenazas externas o ideológicas".


En resumen: El iliberalismo es un régimen donde hay votos, pero no hay derechos garantizados. Los ciudadanos conservan el poder de elegir a sus gobernantes, pero pierden las protecciones legales frente al abuso de ese mismo poder.


Introducción


El ascenso y consolidación de liderazgos de corte autoritario en la política contemporánea plantea una de las paradojas más complejas de la teoría social: ¿por qué sociedades que han luchado por conquistar derechos democráticos eligen plataformas que prometen restringirlos? 


Este ensayo aborda dicha interrogante examinando el triunfo electoral en segunda vuelta de la propuesta política de Abelardo de la Espriella en Colombia, un proyecto caracterizado por sus críticos como un modelo totalitario e iliberal debido a sus propuestas de concentración ejecutiva, militarización y control moral.


Para desentrañar este fenómeno, este texto se articula en tres grandes secciones. En primer lugar, se analiza el comportamiento del electorado a través del lente psicoanalítico de Erich Fromm en su obra fundamental El miedo a la libertad. En segundo lugar, se amplía el marco teórico mediante las perspectivas de pensadores como Thomas Hobbes, Étienne de La Boétie, Wilhelm Reich y Theodor Adorno. 


Finalmente, se examina la complejidad del panorama electoral colombiano, evaluando si el estrecho margen de los comicios refleja una renuncia colectiva a la autonomía o si, por el contrario, responde a una activación de mecanismos de supervivencia psicológica y pragmática ante crisis profundas de seguridad y cohesión social.


  1. El Legado de Erich Fromm y la Huida de la Libertad


Para comprender el atractivo de las propuestas autoritarias, es indispensable recurrir a Erich Fromm y su célebre obra de 1941, El miedo a la libertad. Fromm postula que el ser humano moderno experimenta una profunda contradicción: la emancipación de las ataduras tradicionales le ha otorgado independencia, pero también lo ha sumido en un estado de "libertad negativa", caracterizado por el aislamiento, la insignificancia y una angustia intolerable ante la incertidumbre. 


Cuando las instituciones democráticas fallan en proveer un marco de seguridad y pertenencia, el individuo no tolera el peso de su propia responsabilidad y prefiere renunciar a su autonomía a cambio del orden psicológico que ofrece un régimen autoritario. Fromm identifica tres mecanismos principales de evasión a través de los cuales las sociedades huyen de esta angustia:


  • El Autoritarismo: Una respuesta simbiótica donde el individuo busca fusionar su propio ser con un poder externo para adquirir la fuerza de la que carece. Esto se manifiesta en una doble dimensión: la tendencia masoquista, expresada en la sumisión ciega al líder, y la tendencia sádica, que busca dominar a los demás en nombre del sistema.

  • La Conformidad Autómata: El sujeto deja de ser sí mismo, borra su pensamiento crítico y adopta de manera idéntica la personalidad dictada por el entorno o el régimen, eliminando así el miedo a la soledad.

  • La Destructividad: Cuando la asimilación fracasa, la impotencia del individuo se transforma en un impulso de aniquilación hacia el mundo exterior, una energía que los líderes autoritarios canalizan hábilmente hacia chivos expiatorios, minorías o "enemigos públicos".


  1. Visiones Complementarias: De la Servidumbre Voluntaria al Carácter Neurótico


La tesis de Fromm dialoga estrechamente con otros pensadores que, desde la filosofía y la ciencia social, advirtieron que la libertad puede ser percibida como una carga insoportable. En el plano de la filosofía política clásica, Thomas Hobbes argumentó en Leviatán que el miedo primordial a la muerte violenta y al caos del "estado de naturaleza" empuja a los ciudadanos a ceder voluntariamente sus derechos a un soberano absoluto a cambio de paz y protección. 


Siglos después, Fiódor Dostoyevski retrataría esta misma angustia existencial en el capítulo "El Gran Inquisidor" de Los hermanos Karamázov, afirmando que no hay obsesión más dolorosa para el ser humano que hallar rápidamente a quién rendir el don del libre albedrío a cambio de pan y certezas.


Desde una perspectiva crítica y psicológica, Étienne de La Boétie ya había acuñado en el siglo XVI el concepto de "servidumbre voluntaria", explicando que los tiranos sostienen su poder no por la fuerza de las armas, sino porque los pueblos se habitúan a la obediencia por apatía y comodidad. En el siglo XX, Wilhelm Reich y Theodor Adorno profundizaron en las raíces clínicas de este fenómeno:


Autor

Concepto Central

Diagnóstico del Apoyo Autoritario

Wilhelm Reich

Estructura del carácter neurótico

La represión social y familiar moldea ciudadanos sumisos que buscan en el dictador un sustituto del padre severo.

Theodor Adorno

La personalidad autoritaria

Ante crisis sistémicas, la educación rígida activa la "Escala F", predisponiendo al sujeto a la obediencia ciega y al rechazo a la diversidad.


  1. El Caso Colombiano: ¿Renuncia a la Libertad o Voto de Supervivencia?


Al aplicar estos marcos teóricos a los resultados electorales de Colombia, donde la plataforma de Abelardo de la Espriella se impuso en segunda vuelta, la pregunta sobre si el electorado local "ama las dictaduras" exige un análisis desprovisto de reduccionismos. 


El veredicto de las urnas arrojó un país dividido casi simétricamente: un 49.66% frente a un 48.70% obtenido por Iván Cepeda. Esta estrecha diferencia de aproximadamente 250.000 votos confirma la tesis de una renuncia colectiva y homogénea a la democracia; demuestra, en cambio, una polarización extrema en la que la mitad de la nación se resiste a los planteamientos del candidato electo.


El análisis politológico sugiere que el apoyo a este programa —denunciado por sectores académicos por su intención de gobernar mediante decretos masivos, debilitar la separación de poderes, imponer un control moral religioso en la educación y emular el modelo punitivo de Nayib Bukele— responde a una movilización impulsada por el miedo y el pragmatismo pero por sobre todo por un deseo intrínseco de opresión. 


Cuando el argumento de que el desorden institucional y la criminalidad desbordan la cotidianidad cala entre el votante mediante el miedo, opera el cálculo hobbesiano: el ciudadano atemorizado por la desinformación prioriza la seguridad física y la estabilidad de sus imaginarias “libertades económicas” —como el libre mercado y la propiedad privada, pilares del discurso de De la Espriella— por encima de las garantías procesales y los derechos ambientales.


Cerca de una regresión totalitaria uniforme, el fenómeno colombiano ilustra de forma nítida los conceptos de Fromm y Adorno. Ante una profunda desinformación de una crisis de seguridad creada mediáticamente es percibida como caos por el ciudadano desinformado, una porción significativa del electorado cayó en dinámicas de conformidad autómata, asimilando un discurso mesiánico de "salvación nacional" en el que la retórica de la fuerza y la neutralización del contrincante político actuaron como un analgésico contra el miedo fabricado por los medios. 


El triunfo de esta plataforma iliberal pone a prueba la resiliencia de la arquitectura democrática colombiana, cuyas cortes, legislativo y sociedad civil organizada se configuran ahora como los contrapesos indispensables para contener la concentración del poder.


Conclusiones


  • La primacía del orden sobre la autonomía: El respaldo a proyectos políticos de corte autoritario no deriva de un afecto intrínseco por la tiranía, sino de una respuesta psicológica defensiva. Cuando las instituciones democráticas se perciben como incapaces de contener el caos social o económico, el ser humano activa un mecanismo de huida que prioriza la supervivencia y la certeza sobre las libertades civiles.

  • La vigencia del diagnóstico psicopolítico: El escenario electoral colombiano valida las tesis de Erich Fromm y la Escuela de Fráncfort al demostrar que las crisis crónicas erosionan el pensamiento crítico y activan rasgos de la personalidad autoritaria. Discursos binarios y punitivos ofrecen un alivio inmediato a la angustia existencial del aislamiento y la inseguridad, canalizando la frustración social hacia la supresión de la otredad.

  • La democracia como un equilibrio frágil: El estrecho margen de los comicios evidencia que el fenómeno del iliberatismo no representa un consenso absoluto, sino un síntoma de una sociedad profundamente fracturada. El futuro de las libertades democráticas no depende de la voluntad de un líder mesiánico, sino de la capacidad de resistencia y fiscalización de los contrapesos institucionales y de la ciudadanía frente a la concentración del poder ejecutivo.

  • El iliberalismo opera desde adentro de la democracia: El concepto de democracia iliberal (popularizado por el politólogo Fareed Zakaria) describe a regímenes que sí ganan las elecciones legítimamente en las urnas. Utilizan la legitimidad popular del voto (la democracia) pero, una vez en el poder, empiezan a erosionar las garantías constitucionales, los contrapesos judiciales, la libertad de prensa y los derechos de las minorías (el liberalismo institucional).

  • El iliberalismo de derecha es selectivo: El proyecto de De la Espriella que describes se basa fuertemente en la defensa del libre mercado, la empresa privada y la propiedad. Es decir, abraza el liberalismo económico, pero rechaza el liberalismo social y civil (libertad de cultos en la educación, debido proceso judicial, etc.). El término "iliberalismo" captura perfectamente esta contradicción moderna: un Estado económicamente abierto pero políticamente autoritario.


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