La Encrucijada De La "Paz Total"Cristian Beltrán Barrero IntroducciónEl marco de la "Paz Total" en Colombia, concebido bajo la Ley 2272 de 2022, se presentó como una ambiciosa apuesta del gobierno de Gustavo Petro para desmantelar las estructuras criminales del país mediante el diálogo y el sometimiento judicial. Sin embargo, las filtraciones periodísticas de junio de 2026 han transformado esta política de Estado en uno de las mayores migrañas institucionales de la historia reciente. Las revelaciones de audios que involucran al exdirector de la Dirección de Inteligencia Nacional (DNI), Jorge Lemus, y al excomisionado de Paz, Danilo Rueda, exponen presuntas concesiones operacionales y un incómodo cabildeo con el narcotráfico. En este ensayo analizo críticamente si dichas actuaciones representan un desborde criminal de las funciones oficiales, una instrumentalización estratégica por parte del Clan del Golfo, o una radiografía de la profunda infiltración de las mafias en las ramas del poder público colombianas. Para ello, se contrastan los hechos actuales con dos de los antecedentes históricos más complejos del conflicto nacional: la zona de despeje del Caguán y el Pacto de San José de Ralito.
Para evitar el reduccionismo político, es indispensable separar el ruido retórico de los indicios fácticos. No nos encontramos ante "meras sugerencias" o sospechas abstractas. La existencia de registros sonoros reales ratifica que altos funcionarios del Ejecutivo sostuvieron encuentros con intermediarios del narcotráfico (como alias "Boyaco Sinaloa"). Bajo el amparo de las facultades de acercamiento otorgadas por la Ley 2272 de 2022, se discutieron dinámicas de control territorial sumamente complejas para un Estado de derecho, orientadas en principio a consolidar el desarme del Grupo Armado Organizado (GAO) Clan del Golfo. Estas incluyeron el cese selectivo de operaciones militares, la suspensión de bombardeos y el repliegue de unidades de contrainteligencia de la Fuerza Pública como mecanismos para construir confianza mutua, pero que no incluía zonas de despeje ni de abandono estatal como la de San Vicente del Caguan durnate el gobierno de Andres Pastrana Arango No obstante, la oferta de estas concesiones coincide con un hecho empírico incontrovertible: la alarmante expansión del Clan del Golfo, que duplicó su pie de fuerza entre 2022 y 2026, pasando de aproximadamente 4,000 a casi 10,000 integrantes. Este crecimiento demuestra que la estructura criminal instrumentalizó y se aprovechó de la buena voluntad gubernamental para robustecer su aparato bélico, tal como pasó con las FARC durante la zona de despeje de San Vicente del Caguán. Así mismo, no existe una prueba directa e irrefutable que vincule las órdenes personales del presidente Petro con un pacto delictivo, como sí ocurrió en el pacto de San José de Ralito, el peso de la evidencia demuestra que el problema radica en la delgada línea que separa la exploración legítima de la paz de una preocupante extralimitación de funciones por parte de sus delegados.
Uno de los puntos más agudos del debate radica en la naturaleza del estancamiento de la Ley de Sometimiento a la Justicia en el Congreso. La hipótesis de que el Clan del Golfo saboteaba activamente el proyecto se ratifica con la realidad de los audios. Teóricamente a las estructuras mafiosas les conviene un marco legal que ofreciera penas reducidas y blindaje contra la extradición, pero la evidencia sugiere que les conviene más dilatar el trámite de la ley, sabotear los esfuerzos de paz total y continuar una agenda guerrerista mucho más lucrativa para sus fines El verdadero chascarrillo institucional emerge cuando el propio aparato de inteligencia del Estado, al ver frenado el trámite legislativo, acude a un capo de la droga para que utilice sus "contactos políticos" y destrabe la ley, lo que sugiere indicios de que quienes obstruyen el trámite parlamentario obedecen a los hilos de estos mismos carteles. Este fenómeno expone una doble lectura de la degradación institucional:
Un eje central de discusión ha sido la salida masiva de más de 80 generales de la República desde el inicio del mandato en 2022. La narrativa de la oposición intentó dibujar este hecho como una concesión directa y previa para complacer al Clan del Golfo. No obstante, un análisis cronológico y ético desvirtúa esa simetría simplista. La remoción de los altos mandos se ejecutó de forma soberana por el Ejecutivo mucho antes de formalizar los acercamientos, motivada por la imperiosa necesidad de sanar al Ejército y a la Policía de oficiales cuestionados por corrupción, narcotráfico y nexos paramilitares. Desde la perspectiva de la alta estrategia de Estado, limpiar las instituciones es un paso previo indispensable: un aparato militar permeado por la ilegalidad es incapaz de garantizar un proceso de paz transparente, pues los mandos corruptos sabotearían los diálogos para proteger sus propias rentas ilícitas. La gravedad del escándalo actual no reside, por tanto, en la purga militar —la cual constituye un acto legítimo de transparencia— sino en la instrumentalización discursiva que de ella hicieron los opositores de la "Paz Total". Los audios filtrados demuestran que el excomisionado Danilo Rueda y el exdirector de la DNI presentan esta reestructuración interna ante las mesas del Clan del Golfo como una muestra de transparencia gubernamental para garantizar una paz total sin la injerencia de una cúpula militar corrupta, más no como un "gesto de buena voluntad" o una concesión a su medida para generar confianza. Por lo tanto, esto es una política pública orientada a sanar las fuerzas del Estado que terminó siendo degradada por la oposición como una moneda de cambio discursiva para agradar a un cartel, lo cual no es cierto.
El eco de este escándalo ha revivido en la opinión pública viejos fantasmas del conflicto colombiano, obligando a trazar dos paralelismos históricos de naturaleza radicalmente distinta.
Equiparar la situación actual con la "Parapolítica" resulta histórica y estructuralmente erróneo debido a sus abismales diferencias de origen y diseño institucional:
Si bien el proceso actual no se asemeja al de Ralito —en el que la mafia capturó al Estado—, sí encuentra un reflejo histórico exacto en la zona de despeje de San Vicente del Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana. En pocas palabras, el Clan del Golfo aplicó el mismo "manual de estrategia" que las FARC utilizaron a finales de los noventa: instrumentalizar la buena voluntad de un gobierno desesperado por consolidar la paz para conseguir un alivio u "despeje operativo" (en este caso, la parálisis selectiva de la Fuerza Pública y el repliegue de la contrainteligencia), congelar la acción punitiva del Estado y utilizar ese tiempo para expandirse, rearmarse y fortalecer sus economías ilícitas. Al igual que ayer en el Caguán, la historia se repite con distintos actores: el grupo ilegal sale fortalecido y el Gobierno queda expuesto y debilitado políticamente. Sin embargo, este paralelo histórico abre un debate neurálgico sobre la legalidad de los procedimientos y la asimetría en la fiscalización política:
Conclusiones
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miércoles, 1 de julio de 2026
La Encrucijada De La "Paz Total"
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