lunes, 29 de junio de 2026

La Armadura del Desprecio: Misología y Postverdad en el Escenario Público Colombiano

La Armadura del Desprecio: Misología y Postverdad en el Escenario Público Colombiano


Cristian Beltrán Barrero


Introducción


En la era de la sobreinformación, la ignorancia ya no se define como la mera ausencia de datos, sino como una postura militante. Lo que tradicionalmente se entendía como apatía hacia el conocimiento ha mutado en una resistencia activa, una hostilidad manifiesta frente a la instrucción o el cuestionamiento. Este fenómeno, que transita entre el plano filosófico, sociológico y psicológico, revela que el saber riguroso es percibido con frecuencia como una agresión a la comodidad individual o ideológica. 


Cuando el dato verídico o el contexto histórico estorban al relato personal o al modelo de negocio digital, irrumpe el "analfabetismo voluntario": una decisión deliberada de blindarse contra la verdad para proteger privilegios, sesgos o narrativas políticas. A través de un recorrido por el ecosistema de los medios masivos, las redes sociales y el debate institucional en Colombia, este ensayo analiza la forma en la que el enojo y la “reactancia cognitiva” se han convertido en las defensas predilectas de figuras públicas ante la incomodidad del saber.


  1. El Entramado Teórico: De la Aversión a la Razón a la Ignorancia Motivada


Para comprender la molestia que suscita la pedagogía o la corrección técnica, es preciso recurrir a categorías interdisciplinares. Desde la filosofía, Platón e Immanuel Kant acuñaron el término misología para describir la aversión o el odio hacia la razón y los argumentos lógicos. Esta nace de la frustración cuando el conocimiento no provee las respuestas simplistas que el sujeto anhela, provocando un rechazo total al esfuerzo intelectual. En un sentido similar, la misotopía define el desprecio explícito hacia los lugares del saber.


Desde la trinchera sociológica, la agnotología estudia la producción cultural de la ignorancia, explicando la forma en la que las sociedades eligen o son inducidas a ignorar ciertos saberes porque resultan incómodos o inútiles para los poderes vigentes. Esto deriva en la ignorancia voluntaria o motivada, donde permanecer en la penumbra cognitiva es una elección pragmática para no desestabilizar el estilo de vida o las creencias propias.


Finalmente, la psicología traduce este enojo en dos conceptos clave: el “anti-intelectualismo” —la sospecha y menosprecio hacia el rigor académico percibido como soberbia— y la “reactancia cognitiva”. Esta última es la respuesta emocional de rechazo que se activa cuando un individuo siente que le imponen una corrección, asumiendo el acto educativo no como una oportunidad, sino como una amenaza directa a su libertad de pensamiento.


  1. Del Set de Televisión al Ecosistema Digital: El Anti-intelectualismo Mediático


La manifestación de esta resistencia al saber ha evolucionado a la par de las plataformas de comunicación. Un hito fundacional en la cultura de masas colombiana ocurrió en 2026, cuando la presentadora Cristina Hurtado, protagonizó una fuerte controversia en redes sociales tras dar sus opiniones sobre el sentido homenaje de un hincha de la Selección de la República Democrática del Congo en el Mundial de 2026. 


Varios internautas y figuras públicas criticaron sus palabras al desconocer el contexto histórico del aficionado, reaccionó con visible molestia ante una dinámica pedagógica propuesta por el periodista Ismael Cala sobre la independencia de la República Democrática del Congo y la figura de Patrice Lumumba. El argumento de la conductora —justificar que dicha información geopolítica no era "prioridad" — sintetiza el anti-intelectualismo mediático tradicional: trazar una línea fronteriza en la que el conocimiento estructurado es catalogado como un "ladrillo" innecesario para el oficio diario.


En la actualidad, este fenómeno han encontrado un terreno aún más fértil y lucrativo en la economía de la atención de las redes sociales. A finales de 2025, la actriz e influencer Johanna Fadul protagonizó una controversia tras participar en un viaje a Israel patrocinado bajo lógicas de soft power (poder blando) y relaciones públicas estatales. Al exhibir contenido netamente turístico y afirmar sentirse "más segura en Israel que en Colombia", la audiencia y diversos analistas intentaron instruirla y confrontarla respecto al contexto humanitario de la Franja de Gaza y las denuncias internacionales de genocidio.


La respuesta de Fadul tipificó la reactancia digital: catalogar las precisiones geopolíticas como simples ataques de “haters” (odiadores) y refugiarse en una ignorancia motivada. En el ecosistema del influencer, la responsabilidad ética y el saber profundo se sacrifican en favor de la monetización de la pauta; la realidad del dolor ajeno se omite deliberadamente bajo la premisa de "solo mostrar lo bonito". No obstante, a diferencia de la impunidad de la era televisiva, la era digital impone una sanción pública inmediata, demostrando que una parte de la audiencia ya no tolera la ligereza comercial ante crisis de magnitudes globales.


  1. La Trinchera Ideológica: Activismo Juvenil y el Efecto Dunning-Kruger


Cuando el “analfabetismo voluntario” abandona el entretenimiento y se traslada al activismo político, el conocimiento ya no se descarta por "aburrido", sino que se combate como si fuese un enemigo ideológico. El perfil digital de Jerome Sanabria (@soyjerome) ejemplifica esta dinámica dentro del activismo juvenil de extrema derecha en plataformas como TikTok o X. En el marco del debate sobre la reforma pensional en Colombia, los intentos de diversos expertos por explicarle las fallas estructurales de la Ley 100 de 1993 (como la baja cobertura o la asimetría de subsidios) suelen ser recibidos con desdén y hostilidad. Aquí operan tres fenómenos concurrentes:


  • El Sesgo de Confirmación y la Disonancia Cognitiva: Al asumir una postura identitaria rígida, las explicaciones técnicas no se procesan como datos macroeconómicos, sino como ataques doctrinales de los que hay que defenderse para proteger la identidad digital.

  • El Efecto Dunning-Kruger: Sujetos con una comprensión superficial de sistemas de alta complejidad técnica tienden a sobreestimar de forma desmesurada sus propias competencias, asumiendo posturas de verdad absoluta y descalificando de plano al interlocutor calificado.

  • La Economía de la Polarización: Los algoritmos premian la radicalidad y la simulación de certezas inquebrantables. Reconocer la validez de un argumento ajeno o la necesidad de matizar debilita la marca política del creador frente a su burbuja de eco, haciendo que la antipatía al saber que incomoda sea una estrategia de supervivencia digital.


  1. La Instrumentalización del Relato: El Caso de Daniel Briceño y la Retórica de la Posverdad


En el ámbito de la política institucional, encarnado en figuras como el concejal de Bogotá Daniel Briceño, la resistencia a la instrucción adquiere un carácter estrictamente estratégico. En este escenario, el rigor técnico y la verdad histórica no se ignoran por descuido, sino porque actúan como obstáculos directos para la construcción de un relato de confrontación electoral. Esto se evidencia en tres prácticas recurrentes que desafían la evidencia disponible en los marcos de justicia transicional y el Derecho Internacional Humanitario:


  • La Falacia de la Equiparación Moral (Tu Quoque): Utilizar los crímenes de guerra de las FARC (como el reclutamiento infantil) para balancear discursivamente las ejecuciones extrajudiciales estatales ("falsos positivos"). 

    • Cuando la academia o los tribunales de paz aclaran que la responsabilidad del Estado como garante de derechos impide usar los crímenes de un grupo ilegal como una patente de corso o una amnistía moral, la respuesta es la indignación defensiva y la acusación automática de complicidad con la insurgencia, aún cuando toma ESTOS datos de las mismas instituciones a las que ataca (JEP).

  • El Anacronismo Premeditado: Sostener señalamientos infundados contra defensores de derechos humanos o contradictores políticos —como atribuirle vinculaciones armadas históricas al senador Iván Cepeda— a pesar de los registros judiciales e históricos. 

    • Para la política de la posverdad, la precisión cronológica es secundaria si el señalamiento es eficaz para agitar a la base electoral.

  • El Sesgo de Punto Ciego e Hipocresía Selectiva: El uso de herramientas de control fiscal como el SECOP se torna asimétrico. 

    • Se despliega una agudeza quirúrgica para auditar los contratos del adversario, pero se activa una reactancia agresiva y un discurso de victimización cuando las veedurías ciudadanas señalan los conflictos de interés o la contratación de familiares en el entorno propio. El dato verídico, por ende, es instrumentalizado: sirve como arma contra el rival, pero se rechaza con furia cuando apunta a la propia coherencia.


  1. Anatomía Ideológica del Rechazo: El Núcleo Extremista y la Destrucción del Disenso


El comportamiento de los perfiles analizados —desde la aparente ligereza de la farándula hasta la agresividad de la política de redes— no responde a un vacío ideológico azaroso, sino a una matriz doctrinal de extrema derecha profundamente estructurada. En el fondo de su misología no habita la ingenuidad, sino un marco de pensamiento fundamentalista, ultraconservador y de corte facho o "godo", en el que el conocimiento se rechaza porque su mera existencia amenaza un orden jerárquico, excluyente y autoritario.


Esta resistencia a la instrucción es un síntoma de visiones sesgadas y peligrosas de la realidad, arraigadas en rasgos psicopáticos y sociopáticos que anulan la empatía. Son sujetos que operan bajo un solipsismo cognitivo radical: solo ven lo que quieren ver y oyen lo que quieren oír. Desde esta trinchera mental, se estructuran posturas abiertamente hostiles hacia la alteridad; se configuran como individuos racistas, xenófobos, homofóbicos, antiambientalistas y abiertamente antiderechos. 


Su desprecio no se limita a las minorías sociales, sino que se extiende a la naturaleza misma y a toda forma de vulnerabilidad, manifestando un profundo desinterés por los problemas estructurales del país. A través de dinámicas aporofóbicas, desprecian al pobre y a la pobreza mientras se autoperciben falsamente como parte de una élite multimillonaria, adoptando un clasismo militante que justifica la desigualdad.


En el plano económico y de gobernanza, este espectro político se mimetiza bajo las banderas del libertarianismo, rindiendo culto a la falacia del libre mercado absoluto —lo que constituye un verdadero totalitarismo de mercado— mientras, paradójicamente, aplauden regímenes autocráticos, autoritarios e inconstitucionales de corte populista global como los de Nayib Bukele o Donald Trump. Su práctica discursiva es el "abelardismo": una retórica del litigio espectáculo, la opulencia exhibicionista y la intimidación jurídica como reemplazo del debate.


Finalmente, la arquitectura de su comunicación es el sectarismo y la hipocresía selectiva. Califican con raseros diametralmente opuestos las mismas situaciones de hecho dependiendo de si son originadas por sus aliados o por sus contradictores, incurriendo de forma sistemática en falacias ad hominem (contra la persona). 


Su método predilecto es el reduccionismo: simplifican problemas estructurales (económicos, de justicia o de derechos humanos) al absurdo más elemental y primitivo, anulando cualquier posibilidad de deliberación democrática. Al carecer de la capacidad para aceptar la crítica, el disenso o la construcción colectiva del saber, su objetivo final no es debatir ni educar, sino instrumentar la agnotología para aniquilar discursivamente a la otredad e imponer su verdad de manera totalitaria.


Aquí tienes el capítulo adicional redactado con el mismo rigor conceptual, tono crítico y fluidez estilística del resto del ensayo, listo para ser insertado justo antes del apartado "Anatomía Ideológica del Rechazo" (o de las conclusiones). Al final, se incluye también una versión mínimamente ajustada de las conclusiones para asegurar la cohesión total del texto con este nuevo eje de análisis.


  1. La Barbarie Discursiva y la Negación del Dato: El "Voto Fusil" como Enclave Agnotológico


El escalamiento de la misología en el debate público encuentra su expresión más violenta cuando el rechazo al conocimiento técnico no solo busca proteger una narrativa, sino legitimar la aniquilación física o el castigo estatal sobre poblaciones vulnerables. El comportamiento digital y las declaraciones del concejal de Medellín, Andrés "El Gury" Rodríguez —vinculado además a dinámicas de suplantación de identidad en redes a través de cuentas fachada como "Renata"— ilustran de forma prístina la forma en la que la agnotología y la hostilidad hacia la evidencia científica se instrumentalizan para deshumanizar a la periferia del país.


Tras los resultados electorales que favorecieron a sectores progresistas, Rodríguez acuñó y defendió de manera vehemente la falsa narrativa del "voto fusil", sosteniendo de manera dogmática que el triunfo del senador Iván Cepeda en diversas regiones obedecía exclusivamente al constreñimiento armado de Grupos Armados Organizados (GAO). Bajo este sesgo, el cabildante no solo equiparó el voto ciudadano con la militancia insurgente, sino que a través de videos públicos y mensajes oficiales propuso soluciones radicales basadas en la aporofobia y el racismo estructural, sugiriendo "bombardear" aquellas zonas periféricas y verter "plomo y glifosato" (PL+GL) sobre los territorios rezagados.


La confrontación entre el dogma extremista y la ciencia social demolió rápidamente dicho relato. El Instituto de Pensamiento Progresista (IPP) elaboró un riguroso estudio técnico y estadístico sobre 1,102 municipios colombianos que desmintió categóricamente la existencia empírica de dicho constreñimiento generalizado:


  • Simetría Electoral Independiente de la Violencia: El análisis demostró un comportamiento simétrico en las zonas de conflicto; mientras Iván Cepeda obtuvo la mayoría en 308 municipios con presencia de actores armados, la oposición (representada en el proyecto político de Abelardo de la Espriella) venció de manera casi idéntica en 299 de ellos.

  • Ausencia de Predictibilidad: La minúscula diferencia matemática (apenas 9 municipios) probó científicamente que la presencia de estructuras al margen de la ley no constituye una variable predictiva del sentido del sufragio.

  • Geografía del Olvido Estatal: La alta votación de Cepeda se concentró en las regiones del Pacífico y el Caribe, zonas caracterizadas históricamente por la exclusión socioeconómica, altos índices de pobreza y población mayoritariamente afro e indígena que votó con plena autonomía en busca de transformación social.


Este desmentido fáctico fue respaldado por centros de investigación como Indepaz, cuyo director, Camilo González Posso, recordó que en enclaves con presencia histórica del ELN y disidencias —como Arauca o el Catatumbo— la ciudadanía votó libremente y de forma masiva por opciones de derecha, sepultando matemáticamente la hipótesis del constreñimiento asimétrico.


La reacción de Rodríguez ante la contundencia de los datos técnicos recopilados por el IPP encarna de forma milimétrica la reactancia cognitiva y la ignorancia motivada. En lugar de procesar el informe metodológico o ajustar sus premisas ante la evidencia matemática, el concejal optó por el repliegue defensivo, desatando ataques virulentos contra los investigadores, la Defensoría del Pueblo y todo aquel que intentara instruirlo. 


Para esta vertiente del activismo radical, aceptar el dato científico significaría reconocer la dignidad, la libre determinación y los derechos de las comunidades campesinas e étnicas de la periferia. Por lo tanto, el diseño de narrativas falsas y el enojo ante la corrección técnica actúan como una armadura imprescindible: si los hechos contradicen el prejuicio racista y la justificación de la violencia estatal, es la realidad la que debe ser proscrita y censurada, no sus creencias.


  1. Conclusiones


El análisis del desprecio al conocimiento en el escenario público colombiano permite concluir que el enojo ante la instrucción no es una reacción visceral aislada, sino un mecanismo de defensa estructural. Ya sea para proteger el rating de un programa de variedades, blindar los contratos de una influencer, sostener la identidad digital de un activista, viabilizar el relato político de un gobernante o legitimar discursos de odio y violencia estatal contra la periferia del país, el analfabetismo voluntario opera bajo la misma premisa: ante la disyuntiva de modificar las propias certezas o rechazar la realidad, siempre se elegirá esto último.


La misología y el anti-intelectualismo contemporáneos han dejado de ser pasivos; hoy se exhiben con orgullo y se rentabilizan en la economía de clics y votos. En este ecosistema, la indignación actúa como una armadura que inmuniza al sujeto frente a la evidencia, reemplazando el debate técnico de ideas por la descalificación del interlocutor o la invención de conspiraciones ideológicas. El gran desafío democrático de la sociedad colombiana no radica únicamente en garantizar el acceso a la información, sino en desmontar los incentivos culturales y económicos que premian a quienes eligen, promueven y defienden, con hostilidad militante y destructiva, el derecho a permanecer en la ignorancia.



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