miércoles, 8 de julio de 2026

Entre el Progreso Tecnológico y la Regresión Institucional: El Dilema de la Seguridad Nacional en la Transición Político-Jurídica de Colombia


Entre el Progreso Tecnológico y la Regresión Institucional: El Dilema de la Seguridad Nacional en la Transición Político-Jurídica de Colombia


Cristian Beltrán Barrero


Introducción


La definición de la política de defensa y seguridad en Colombia ha sido, históricamente, un campo de batalla ideológico y estratégico. En el marco de la actual transición de mando entre la administración saliente de Gustavo Petro Urrego y el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella, este debate ha alcanzado un punto de inflexión crítico. 


El núcleo de la discusión no solo radica en la asignación presupuestal, sino en la concepción misma del Estado, la soberanía nacional y el orden constitucional. Mientras el gobierno saliente fundamentó su estrategia en la reindustrialización, la ciberdefensa y la autonomía armamentística bajo el paradigma de la "seguridad humana", la agenda entrante plantea un viraje drástico hacia el alineamiento con aliados tradicionales extranjeros y la controvertida creación de cuerpos de defensa civil urbanos.


El presente ensayo analiza críticamente este escenario, sosteniendo que el desmantelamiento de la incipiente soberanía tecnológica para retornar a esquemas de dependencia geopolítica, sumado a la delegación de la fuerza pública en manos de civiles, representa no solo un despropósito fiscal y operativo, sino un desafío directo al andamiaje constitucional de 1991 y a la dolorosa memoria histórica del país.


  1. La Apuesta por la Soberanía Tecnológica: Reindustrialización del Sector Defensa


La política de seguridad de la administración de Gustavo Petro propuso un quiebre doctrinal al transitar de un modelo de adquisición puramente reactivo hacia una estrategia de autonomía industrial articulada por el Grupo Social y Empresarial de la Defensa (GSED). Esta visión se estructuró sobre la base de que la verdadera independencia nacional se fundamenta en el desarrollo científico, técnico y académico local. Este esfuerzo de modernización se materializó en tres pilares estatales:


  • La soberanía astillera (COTECMAR - Corporación de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la Industria Naval Marítima y Fluvial): A través del desarrollo de patrulleras fluviales y el ambicioso proyecto de la Plataforma Estratégica de Superficie (PES) —la primera fragata diseñada y construida en el país en alianza con astilleros internacionales—, se demostró que es viable asimilar transferencia tecnológica de punta para proteger el territorio y los recursos hídricos.

  • La autonomía aeroespacial y táctica (CIAC - Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana): El enfoque migró hacia el mantenimiento mayor y la creación de patentes propias en sistemas de aeronaves no tripuladas (UAVs/Drones), herramientas indispensables para el monitoreo ambiental y la vigilancia de la Amazonía contra la minería ilegal y la deforestación.

  • La diversificación industrial (INDUMILL - Industria Militar de Colombia): La transición desde la manufactura tradicional de armamento ligero hacia tecnologías avanzadas de desminado humanitario y explosivos civiles evidenció una reconversión industrial enfocada en la estabilización territorial y la dualidad tecnológica (militar y civil).


Este enfoque de "tecnologización" pretendía blindar al Estado colombiano frente a posibles bloqueos de suministros o vetos geopolíticos externos, asegurando que las comunicaciones encriptadas y la protección de la infraestructura crítica nacional dependieran de capacidades nativas. Sin embargo, este proceso de empalme ha expuesto la fragilidad de estos avances frente a los vaivenes de la política partidista.


  1. El Choque de Visiones en el Empalme: Autonomía frente a Dependencia Tradicional


La entrega de los "libros blancos" y el proceso de transición han desatado una profunda molestia institucional en la jefatura del Ministerio de Defensa saliente, liderado por Pedro Pérez. El descontento radica en la narrativa de la administración entrante de Abelardo de la Espriella, la cual califica de forma generalizada la inversión en soberanía tecnológica como un foco de "corrupción" e ineficiencia. 


Esta acusación es percibida por los altos mandos y los comités técnicos como un agravio directo a la ingeniería civil y militar local, reduciendo un esfuerzo científico de Estado a una mera disputa de facciones políticas. Detrás de la retórica de la confrontación se esconde un debate geopolítico profundo:


  • El repliegue hacia el alineamiento internacional: El gobierno entrante defiende que sostener una industria de defensa nativa en un país en desarrollo es fiscalmente insostenible y operacionalmente lento frente a las amenazas del crimen organizado. Su propuesta aboga por abandonar la logística nacional ya financiada para retornar a la dependencia directa de la asistencia militar y tecnológica de aliados tradicionales como Estados Unidos e Israel.

  • El riesgo del veto externo: Desde la óptica analítica y de oposición, esta postura resulta irresponsable a nivel logístico. Supeditar por completo el mantenimiento, los repuestos y el software de seguridad nacional a decisiones de gobiernos extranjeros vulnera la autonomía del Estado y echa a perder la curva de aprendizaje técnico y científico acumulada por profesionales colombianos durante años.


  1. La Inconstitucionalidad de los "Bloques de Defensa" y el Fantasma del Paramilitarismo


El punto más alarmante de la agenda del gobierno entrante es la propuesta de crear un "Bloque de Defensa para la Seguridad Urbana", una iniciativa que la oposición técnica, académica y progresista cataloga como un despropósito institucional. La sola mención de organizar estructuras de civiles armados evoca de inmediato el nefasto fantasma de las cooperativas CONVIVIR de la década de 1990, cuya desmejora regulatoria sirvió de caldo de cultivo para la expansión del paramilitarismo, el despojo sistemático de tierras, las masacres y el desplazamiento forzado de millones de compatriotas. Desde una perspectiva netamente legal y constitucional, esta propuesta enfrenta barreras jurídicas insalvables dentro del bloque de constitucionalidad de Colombia:


  • Violación del Monopolio de la Fuerza: Los artículos 216, 217 y 218 de la Constitución Política de 1991 son taxativos al establecer que el monopolio legítimo de las armas y la preservación del orden público radican exclusivamente en las Fuerzas Militares y la Policía Nacional. La jurisprudencia de la Corte Constitucional (como la histórica Sentencia C-572 de 1997) determinó con claridad que los civiles no pueden asumir funciones de patrullaje, combate ni el uso de armamento de alta potencia.

  • Suplantación de Funciones Judiciales: Atribuir facultades de recaudo probatorio o investigación criminal a una gendarmería civil paralela choca de frente con las competencias exclusivas de la Fiscalía General de la Nación. Permitir que particulares intervengan en la cadena de custodia o en la recolección de evidencias vulnera el debido proceso y restringe derechos fundamentales sin control judicial previo, abriendo la puerta a la ilegalidad y la impunidad.

  • Agravio a la Profesionalización de las Fuerzas Armadas: Esta iniciativa representa una bofetada institucional a la Policía y al Ejército. Envía el mensaje explícito de que el entrenamiento, la doctrina y la disciplina de los oficiales de carrera han fracasado, sugiriendo que la solución estatal radica en el armamento de aficionados civiles. Al carecer de la rigurosa formación en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (DIH) que reciben las fuerzas oficiales, estos bloques civiles degeneran con rapidez en fenómenos de "justicia por mano propia" y dinámicas de "limpieza social", catalizando ciclos interminables de vendettas privadas y guerras por el control territorial local.


  1. El Criterio Fiscal y Operativo: Inteligencia Tecnológica sobre Violencia Civil


Finalmente, el debate presupuestal expone la inviabilidad financiera de la propuesta de la administración entrante. En un escenario de restricciones fiscales, financiar un nuevo aparato armado de vigilancia ciudadana implica, de manera inevitable, desfinanciar a la Policía y al Ejército. Extraer recursos ya asignados a los presupuestos misionales oficiales para sostener la logística, el armamento y los honorarios de un cuerpo civil sin entrenamiento formal constituye una ineficiencia macroeconómica sustancial.


La alternativa defendida por los sectores académicos e intelectuales sostiene que la seguridad en el siglo XXI no se garantiza atomizando armas en la población, sino concentrando el capital del Estado en la inteligencia y la tecnología gubernamental. El crimen organizado transnacional, las redes de microtráfico y la extorsión urbana no se desmantelan con rondas vecinales armadas; se combaten mediante el fortalecimiento de la ciberseguridad, el rastreo financiero técnico y el despliegue de herramientas de vigilancia avanzada desarrolladas por empresas nacionales (CIAC y COTECMAR). Potenciar la soberanía tecnológica no solo protege el marco constitucional, sino que genera un retorno social a través del empleo calificado y la innovación científica nativa.


Conclusiones


La transición política en el sector defensa de Colombia devela una tensión profunda entre el fortalecimiento institucional moderno y la regresión hacia dinámicas de seguridad privatizada que el país ya demostró sufrir con consecuencias devastadoras. La propuesta de desmantelar la infraestructura logística orientada a la soberanía tecnológica para volver a un esquema de subordinación externa, combinada con la creación de "bloques de defensa" civiles, constituye una fórmula peligrosa para la estabilidad democrática.


Cualquier intento por materializar estos cuerpos intermedios mediante decretos, leyes orgánicas o actos legislativos se enfrentará a un riguroso examen de constitucionalidad. El ordenamiento jurídico colombiano ampara de forma estricta el monopolio estatal de las armas y las competencias judiciales de la Fiscalía. Por ende, la resistencia legal de la oposición y el dictamen de las altas cortes se perfilan como los contrapesos democráticos indispensables para evitar que el Estado abdique de sus funciones misionales y para garantizar que la seguridad nacional siga siendo una política institucional de largo plazo, guiada por la profesionalización, la tecnología y el respeto irrestricto a los Derechos Humanos.


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