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jueves, 3 de septiembre de 2026

¿Por qué el fascismo NO puede ser de izquierda?

¿Por qué el fascismo NO puede ser de izquierda?


Cristian Beltrán Barrero


Introducción


Existe un sólido consenso en la historia, la filosofía política y las ciencias sociales: el fascismo es un fenómeno de extrema derecha. La imposibilidad ontológica de que el fascismo sea de izquierda radica en que ambos espectros parten de premisas antagónicas, persiguen fines irreconciliables y recorren caminos teóricos y prácticos opuestos.


  1. La génesis del espectro político: La pregunta por la desigualdad


Para comprender la distancia insalvable entre la izquierda y la derecha, es necesario acudir a su origen ontológico. Ambos espectros responden a una misma interrogante fundamental, pero lo hacen desde posiciones situadas e incompatibles: ¿Por qué existe la desigualdad?


Entendida la desigualdad en su dimensión multidimensional (económica, jurídica, política, social y axiológica), las respuestas dividen al espectro político sin espacio para un «centro» verdadero:


  • La izquierda adopta una postura materialista y constructivista. Plantea que la desigualdad es una construcción histórica y social; por ende, es susceptible de ser deconstruida para erigir condiciones de equidad. Esta perspectiva prioriza las condiciones materiales de existencia y la redistribución de los medios de producción y la riqueza. Su sustento teórico más sólido se encuentra en el materialismo dialéctico, consolidado por Karl Marx como método de análisis histórico e interdisciplinario.

  • La derecha, por el contrario, responde desde una visión determinista e iusnaturalista. Concibe la desigualdad no como una anomalía social, sino como un orden natural, divino o inevitable. Desde esta premisa se derivan diversas narrativas: la negación de la pobreza estructural, la justificación de las jerarquías mediante el mérito individual o el emprendedurismo, o bien el señalamiento de sectores vulnerables como «chivos expiatorios» que amenazan el orden establecido.


Dado que la izquierda busca la transformación de la realidad material para alcanzar la equidad multidimensional y la derecha busca preservar la jerarquía y el statu quo, ambas posiciones resultan conceptualmente irreconciliables.


  1. La naturaleza ontológica del fascismo


El fascismo es una forma de articulación del poder fundamentada en el abuso sistemático y la deshumanización de la otredad: el diferente, el disidente o el oprimido. Para su consolidación, el fascismo requiere la convergencia de tres elementos sine qua non:


  • Pensamiento de colmena (cohesión autoritaria): La subordinación ciega a la figura de un líder incuestionable. Este fenómeno, analizado por Erich Fromm en El miedo a la libertad, da cuenta de la renuncia a la autonomía individual en favor de la entrega a un poder tutelar.

  • Construcción del enemigo (deshumanización del otro): El sentido de pertenencia fascista se articula mediante la invención o instrumentalización de una amenaza (el «enemigo interno» o fantasmagórico). Este mecanismo ha sido problematizado desde la teoría política por autores como Carl Schmitt (El concepto de lo político), Giorgio Agamben (Homo Sacer) y Hannah Arendt.

  • Concentración del poder: La acumulación irrestricta de poder político, económico y social. En este punto se evidencia su afinidad estructural con el capitalismo, en tanto este último se fundamenta en la acumulación privada del capital y la preservación de jerarquías sociales.


  1. Evolución del fascismo: Del siglo XX al siglo XXI


El fascismo emergió en el siglo XX en un contexto de industrialización, globalización y consolidación de las democracias liberales. Constituyó un quiebre para el proyecto de la Ilustración: demostró que la razón y el desarrollo técnico no erradicaban la barbarie, sino que podían ser instrumentalizados para perfeccionarla. Asimismo, evidenció que la democracia podía ser capturada por las mayorías para legitimar la opresión.


Aunque la estructura del fascismo se mantiene, la relación entre sus componentes ha mutado del fascismo clásico al neofascismo del siglo XXI:


  • Fascismo histórico (Siglo XX):

    • Fin: La concentración absoluta del poder.

    • Medio: La deshumanización del enemigo como estrategia de cohesión.

    • Legitimación: La mentalidad de masa y la devoción al líder.

  • Neofascismo y tecnofascismo (Siglo XXI):

    • Fin: La deshumanización de la otredad y la persecución de la diferencia como fin en sí mismo.

    • Medio: La concentración del poder económico, tecnológico y mediático.

    • Legitimación: La manipulación algorítmica, el pensamiento polarizado y la adscripción identitaria dogmática.


Conclusión


El fascismo no es, ni podrá ser jamás, un fenómeno de izquierda. Mientras la izquierda persigue la emancipación colectiva, la deconstrucción de privilegios y la igualdad material de la sociedad, el fascismo opera en la dirección opuesta: la preservación de jerarquías, la concentración de poder y la anulación del otro. Intentar ubicar al fascismo en la izquierda implica ignorar tanto la praxis histórica como la ontología política de ambos conceptos.