La Arquitectura Ontológica De La Izquierda: Emancipación Teórica, Construcción De Derechos Y La Falacia De La Equiparación AutoritariaCristian Beltrán Barrero Introducción La discusión política contemporánea suele incurrir en una simplificación maniquea: equiparar las matrices filosóficas de la izquierda con las derivaciones autoritarias que han instrumentalizado su lenguaje a lo largo de la historia. Esta narrativa iguala al progresismo teóricamente constituido con el fascismo, asumiendo que ambos conducen de manera ineludible al genocidio, la supresión de libertades y la consolidación de élites privilegiadas. Para comprender las dinámicas del poder moderno es indispensable formular la pregunta ontológica fundamental: ¿por qué existe la desigualdad y cómo se aborda la realidad material? Un examen riguroso desde las ciencias sociales, la historiografía y la filosofía política demuestra que existe una ruptura ontológica e infranqueable entre los presupuestos teóricos emancipadores de la izquierda y las estructuras de dominación fascistas o autoritarias.
La distinción entre izquierda y derecha responde a dos paradigmas epistemológicos contrapuestos respecto al origen, la naturaleza y la solución de las brechas sociales.
La izquierda teórica no concibe la supresión de libertades ni la perpetuación de castas como fines. Se articula conceptualmente sobre la tesis constructivista de la desigualdad: las brechas de riqueza, poder y reconocimiento no constituyen un orden divino, biológico ni inalterable, sino una construcción sociohistórica. Al ser producto de instituciones, relaciones de producción y correlaciones de fuerza creadas por la acción humana, la sociedad posee la capacidad ontológica de transformarlas y deconstruirlas mediante la praxis. El andamiaje metodológico que sostiene esta premisa es el materialismo dialéctico. Lejos de constituir un dogma estático, este enfoque desplaza el análisis del derecho desde el iusnaturalismo metafísico hacia las condiciones materiales concretas de existencia (trabajo, vivienda, salud, acceso al conocimiento y soberanía económica). La teoría constata las contradicciones de la realidad fáctica para orientar la transformación social hacia la emancipación colectiva.
Por el contrario, el fascismo y las doctrinas de extrema derecha se sustentan en la tesis determinista de la desigualdad: las jerarquías sociales son inevitables, deseables y responden a mandatos biológicos (socialdarwinismo), providenciales o de un orden natural inmutable. Su arquitectura filosófica descansa sobre un idealismo dogmático que apela a axiomas preconcebidos —desde el elitismo y la eugenesia social hasta la meritocracia abstracta, la absolutización del mercado o la sacralización de la tradición— para calificar la vulnerabilidad social como un destino ineludible o una falla moral individual. Desde su postulación teórica originaria, el fascismo promueve la jerarquización, el militarismo y la deshumanización de la otredad para preservar las estructuras de dominación.
Una de las narrativas más difundidas para deslegitimar la izquierda consiste en presentar la obra de Karl Marx como un manual para la edificación de dictaduras policíacas permanentes. Esta interpretación ignora la estructura conceptual del materialismo histórico:
En el léxico político y republicano del siglo XIX, la palabra dictadura remitía a la institución romana originaria (dictatura): una magistratura extraordinaria, excepcional y temporal para resolver una crisis estructural. Para Marx, el Estado liberal burgués ya representaba una "dictadura de clase" (el dominio de una minoría propietaria sobre la mayoría trabajadora). La "dictadura del proletariado" no planteaba la supresión de la democracia, sino su democratización radical: la toma temporal del control institucional por parte de las mayorías asalariadas para neutralizar la reacción de las élites. El modelo concreto que Marx analizó y celebró para esta etapa transitoria fue la Comuna de París (1871), caracterizada por la democracia directa, la revocatoria de mandatos y la abolición de la burocracia privilegiada. ESTRUCTURA SOCIAL Y ESTADO EN EL MATERIALISMO HISTÓRICO SUPERESTRUCTURA Estado, Aparato Jurídico, Ideología. Instrumento de dominación creado por y para una clase - Refleja y garantiza BASE MATERIAL (ESTRUCTURA) Relaciones de Producción y Fuerzas Productivas
En el esquema marxiano, el Estado no es un ente eterno ni un fin en sí mismo, sino una institución perteneciente a la superestructura, erigida para administrar los conflictos de clase. Por ende, en la medida en que la propiedad de los medios de producción se socialice y las clases sociales desaparezcan, el Estado pierde su razón de ser. El horizonte final de la teoría —formulado explícitamente por Friedrich Engels como la "extinción del Estado" (Absterben des Staates)— es la transición hacia una sociedad sin clases ni aparato estatal coercitivo. Adjudicarle al núcleo teórico de la izquierda la promoción del totalitarismo constituye una contradicción categórica; la hiperestatización del estalinismo o la tiranía del Khmer Rouge, al congelar la fase transitoria para consolidar una burocracia opresiva (nomenklatura), constituyeron una traición directa a la ontología emancipadora.
Evaluar la validez de los postulados emancipadores a partir de su distorsión despótica incurre en una falacia categórica. La historia evidencia que cuando un régimen encarcela la disidencia y restringe derechos, no está aplicando la epistemología de la izquierda, sino traicionándola para derivar en estructuras autoritarias. Este fenómeno de cooptación ideológica encuentra un paralelismo metodológico claro en la historia del cristianismo: MENSAJE ORIGINARIO DE JESÚS Fraternidad, opción preferencial por los desposeídos, no violencia y crítica al opresor COOPTACIÓN IMPERIAL (SIGLO IV D.C.) Fundamento de la administración del poder INSTRUMENTALIZACIÓN DOGMÁTICA Y ESTATAL Inquisición, Cruzadas, Doctrina del Descubrimiento, bendición de dictaduras y genocidios
La utilización de la fe religiosa para justificar la dominación o el despojo territorial no invalida los principios éticos de amor y justicia predicados en las fuentes evangélicas originarias. En Colombia, la apelación a la retórica cristiana ha servido históricamente como dispositivo de legitimación de la violencia política:
De la misma manera, la degeneración autoritaria de proyectos que usaron la simbología socialista no anula la validez de la matriz emancipadora de la izquierda.
Centrar el análisis del progresismo en sus desviaciones autoritarias invisibiliza el hecho fáctico de que el catálogo de derechos universales que define la dignidad humana en las democracias contemporáneas es el resultado de luchas organizadas desde el espectro de la izquierda. Las transformaciones institucionales modernas demuestran este desarrollo:
ConclusiónSatanizar a la izquierda como una ideología intrínsecamente autoritaria o genocida a partir de los regímenes que usaron su narrativa constituye una estrategia de distracción que desvía el debate de fondo: la distribución de la riqueza, la democratización del poder y la superación de la desigualdad material. A diferencia del fascismo, cuya arquitectura teórica aboga de manera explícita por la jerarquización, el odio y el exterminio de la alteridad, la izquierda política mantiene en su matriz epistemológica la defensa de la dignidad humana, la deconstrucción de la inequidad y la realización plena de la libertad. Condenar la instrumentalización del discurso no debe significar la renuncia a los ideales emancipadores que han humanizado las estructuras sociales a lo largo de la historia. |
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sábado, 5 de septiembre de 2026
La Arquitectura Ontológica De La Izquierda: Emancipación Teórica, Construcción De Derechos Y La Falacia De La Equiparación Autoritaria
¿Por qué el progresismo NO puede ser de derecha?
¿Por qué el progresismo NO puede ser de derecha?Cristian Beltrán Barrero IntroducciónExiste un sólido consenso en la historia, la filosofía política y las ciencias sociales: el progresismo es un fenómeno conceptual y praxeológico de la izquierda política. La imposibilidad ontológica de que el progresismo sea de derecha radica en que ambos espectros parten de premisas antagónicas, persiguen fines irreconciliables y recorren caminos teóricos y prácticos opuestos.
Para comprender la distancia insalvable entre la izquierda y la derecha, es necesario acudir a su origen ontológico. Ambos espectros responden a una misma interrogante fundamental, pero lo hacen desde posiciones situadas e incompatibles: ¿Por qué existe la desigualdad? y de conformidad a la forma en la que responden a esa pregunta darán soluciones distintas e irreconciliables sobre ¿Cómo solucionar esa desigualdad? Entendida la desigualdad en su dimensión multidimensional (económica, jurídica, política, social, cultural y axiológica), las respuestas dividen al espectro político sin espacio para un «centro» neutro o intermedio:
Adopta una visión constructivista y materialista. Plantea que la desigualdad es una construcción histórica y social; por ende, es susceptible de ser deconstruida para erigir condiciones de equidad. Esta perspectiva prioriza las condiciones materiales de existencia y la redistribución de la riqueza y de los medios de producción. Su sustento teórico más sólido se encuentra en el materialismo dialéctico, consolidado por Karl Marx como método de análisis histórico e interdisciplinario.
Responde desde una visión determinista e iusnaturalista. Concibe la desigualdad no como una anomalía social, sino como un orden natural, divino o inevitable. A partir de esta premisa, la derecha articula diversas narrativas:
Dado que la izquierda busca la transformación de la realidad material para alcanzar la equidad multidimensional y la derecha busca preservar la jerarquía y el status quo, ambas posiciones resultan conceptualmente irreconciliables.
El progresismo es la articulación política, jurídica y filosófica orientada a la expansión continua de los derechos humanos bajo el principio rector de progresividad y no regresividad: una vez conquistado un derecho, la sociedad no puede retroceder a un estado previo de desprotección. Su fin último es la igualdad jurídica, social y material de los individuos. EJES DEL PROGRESISMO
Los ejes transversales que definen al progresismo son:
El progresismo cobró particular relevancia durante el siglo XX a la par del avance industrial, los movimientos sociales por los derechos civiles y la consolidación de las democracias representativas. Heredero del proyecto ilustrado, confió inicialmente en que el desarrollo científico y la razón conducirían de forma automática hacia una sociedad más justa. Sin embargo, las crisis del siglo XX demostraron que el conocimiento y las instituciones democráticas podían ser instrumentalizadas para perpetuar abusos. Esto impulsó al progresismo a reelaborar sus dinámicas internas:
En el siglo XX, la reestructuración del poder era vista como el fin principal para lograr la emancipación. En el siglo XXI, la humanización del otro y la garantía de su dignidad se constituyen como el fin supremo, convirtiendo a la redistribución del poder en el medio indispensable para alcanzarlo. ConclusiónEl progresismo es de izquierda por consenso teórico y práctico, y resulta imposible ubicarlo en la derecha política. Mientras las doctrinas de derecha defienden la preservación de jerarquías, el determinismo social y la concentración de privilegios, el progresismo se erige sobre la deconstrucción de las desigualdades, la expansión incesante de los derechos humanos y la democratización del poder. Pretender la existencia de un «progresismo de derecha» es una contradicción en los términos que desconoce la ontología de la filosofía política. |