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jueves, 10 de septiembre de 2026

La Batalla Cultural Y Los Neofascismos: Origen, Sentido Y Función Social

La Batalla Cultural Y Los Neofascismos: Origen, Sentido Y Función Social


Cristian Beltrán Barrero


Introducción


El concepto de "batalla cultural", aunque presente a lo largo de la historia humana como la disputa por la hegemonía del sentido común, ha adquirido una relevancia crítica y una mutación cualitativa en la era contemporánea. Lejos de operar como un mero intercambio ideológico o un debate democrático sobre valores, la batalla cultural ha sido reconceptualizada por las nuevas extremas derechas y el tecnofascismo como un dispositivo estratégico de ingeniería social. Su propósito central no es convencer, sino disciplinar: busca deshumanizar a la otredad, erosionar las conquistas históricas de los movimientos populares, vaciar de contenido el lenguaje jurídico-político y despolitizar las luchas colectivas mediante la saturación mediática y el pánico moral.


Para comprender la densidad de este fenómeno, es imperativo rastrear su genealogía en la pregunta medular de la modernidad política: el origen de la desigualdad social y las respuestas divergentes formuladas desde la Ilustración y la Revolución Industrial. Mientras el pensamiento progresista ha demostrado que la desigualdad es una construcción histórico-social susceptible de ser transformada mediante políticas de redistribución y reconocimiento, las corrientes reaccionarias han diseñado un abanico de hipótesis —iusnaturalistas, eugenésicas, conspirativas, neoliberales y segregacionistas— orientadas a naturalizar la brecha material.


En la coyuntura actual, ante la confluencia de las luchas sociales (feministas, ambientalistas, campesinas, étnicas y LGBTIQ+), la ultraderecha ha desplazado la discusión de las estructuras económicas hacia el terreno de los pánicos identitarios. El presente ensayo examina la estructura, los mecanismos y los ejes transversales de esta estrategia neofascista, demostrando cómo la captura del sentido común opera como la condición de posibilidad para el blindaje institucional de los privilegios y la imposición de un orden autoritario.


  1. El Origen Histórico: Las Respuestas Ante La Desigualdad


Desde la Revolución Industrial y la Ilustración, el pensamiento político occidental se estructuró en torno a dos preguntas fundamentales: ¿Cuál es el origen de la desigualdad social? y ¿Cómo se soluciona?. Mientras la producción de riqueza se multiplicaba, la brecha entre sectores acomodados y sectores desposeídos se profundizaba. Ante esta realidad, emergieron dos grandes visiones:


  • Tesis constructivista (Izquierda/Progresismo): Sostiene que la desigualdad es una construcción histórico-social. Al ser un producto humano, es modificable mediante transformaciones estructurales, institucionales y colectivas que garanticen la equidad. Esta tesis está ampliamente corroborada y soporta en la evidencia histórica-científica, y es el consenso entre la comunidad académica científico y filosófica de la humanidad.

  • Hipótesis de la derecha y ultraderecha: Han recurrido a explicaciones alternativas para justificar o naturalizar la desigualdad:

    • Iusnaturalistas y religiosas: La desigualdad responde a un orden divino o natural inalterable.

    • Determinismo biológico y darwinismo social: Instrumentalizan las diferencias biológicas para justificar jerarquías sociales, dando pie a discursos eugenésicos o segregacionistas.

    • Conspiracionistas y apocalípticas: Defienden que el sistema vigente es inmutable y criminalizan la protesta social presentándola como una amenaza al orden socialmente establecido.

    • Individualistas (Neoliberalismo): Niegan la existencia de lo colectivo, reduciendo la desigualdad a un asunto de mérito o falla exclusivamente individual.

    • Segregacionistas: Argumentan que la desigualdad es provocada por los propios colectivos que luchan por sus derechos (movimientos feministas, antirracistas, LGBTIQ+), desplazando la responsabilidad del sistema hacia las poblaciones vulneradas.


  1. ¿Qué es la batalla cultural para los neofascismos?


Frente a la articulación del progresismo contemporáneo —que ha logrado unificar demandas históricas (laborales, feministas, abolicionistas) con luchas emergentes (ambientalismo, animalismo, decolonialidad)—, la extrema derecha y el tecnofascismo han estructurado en respuesta lo que ellos llaman la "batalla cultural".


Su objetivo central es desplazar la discusión sobre las condiciones materiales de existencia y la acumulación de riqueza, trasladando el conflicto al terreno de los valores y la moralidad. De este modo, buscan deslegitimar socialmente los principios progresistas antes de que puedan consolidarse como marcos legales o institucionales.


Dimensión

Progresismo (Izquierda)

Neofascismo / Extrema Derecha

Concepción De La Desigualdad

Construcción histórico-social que se puede transformar.

Condición natural, inevitable, individual o culpa de la protesta.

Valores Centrales

Paz, equidad, inclusión, dignidad humana.

Jerarquía, segregación, dogmatismo, statu quo.

Estrategia Política

Articulación de derechos colectivos y justicia social.

Deslegitimación del adversario y batalla ideológica.

Enfoque Analítico

Pensamiento crítico, dialéctico y complejo.

Pensamiento dicotómico, dogmático y reduccionista.


  1. Mecanismo De Acción Y Propósito


La batalla cultural neofascista funciona como un distractor estructural: convence a sectores de la población de que el verdadero problema radica en los discursos de inclusión y no en las reglas de juego económicas e institucionales que perpetúan la concentración del poder. Al convertir la política en una confrontación moral y tribal, el neofascismo busca blindar el statu quo y evitar cualquier debate sobre la redistribución o la ampliación de la ciudadanía.


  1. Meta, macroestrategia y ejes transversales del neofascismo


  • Meta fundamental: Preservar un sistema de privilegios y sostener el statu quo mediante un blindaje institucional y una legitimación social de amplio alcance. Este modelo se apoya en garantías políticas, jurídicas y socioeconómicas diseñadas para justificar la deshumanización de la otredad y garantizar la concentración del poder.

  • La macroestrategia - Desplazamiento y componentes: La estrategia general consiste en desviar la atención pública de las reformas estructurales al sistema normativo e institucional que perpetúa la acumulación de riqueza. En lugar de disputar la mejora de las condiciones materiales de existencia, el neofascismo desplaza la discusión hacia la adopción forzada de un sistema de valores reaccionarios. Esta macroestrategia opera a través de tres componentes cardinales:

  • Legitimidad social (Dimensión sociopolítica e histórica): Construcción del consenso de masas mediante el uso intensivo del aparato mediático, la mentira estratégica y la desinformación. Funciona de manera bidireccional: deslegitima los movimientos sociales progresistas al tiempo que normaliza el discurso de odio y las posturas antiderechos. En esta dimensión, el odio y la posverdad se consolidan como valores socialmente aceptables.

  • Blindaje institucional (Dimensión jurídico-política): Consolidación de un marco normativo que dota de legalidad al catálogo de valores neofascistas. Busca positivizar y elevar a rango de derecho o principio estatal conceptos como la guerra o la exclusión, institucionalizando la desigualdad y garantizando la impunidad normativa para la deshumanización del adversario.

  • Mecanismos de presión y persuasión: Dispositivos discursivos y coercitivos articulados en torno al tiempo histórico:

    • Coacción y miedo (Proyección a futuro): Ante la resistencia social o el fallo de la persuasión mediática, se apela a la amenaza del uso de la fuerza, la destrucción moral y la coacción física como herramientas de disciplinamiento político.

    • Negacionismo histórico (Revisión del pasado): Borrado deliberado de las memorias de lucha y resistencia colectiva para despojar de legitimidad histórica a los sujetos que encarnan dichas reivindicaciones en el presente.


  1. Ejes Transversales de la Batalla Cultural


  1. El Lenguaje Jurídico-Político


La batalla cultural neofascista otorga un papel prioritario a la censura y resignificación del lenguaje, enfocándose específicamente en aquel con alcance e implicaciones jurídico-políticas:


  • Redefinición De Los Derechos Fundamentales: Intento sistemático por vaciar de contenido semántico y jurídico categorías como dignidad, paz, igualdad, libertad o desarrollo, mientras se busca situar en el centro del marco normativo conceptos afines a su agenda, tales como el derecho al armamento, la militarización o la seguridad punitiva.

  • Impugnación De Los Sujetos De Derechos: Cuestionamiento y erosión del estatus jurídico de los colectivos históricamente vulnerados. La meta es despojar a estas poblaciones de su condición de titulares de especial protección, facilitando la pérdida de sus garantías institucionales y su subordinación en la estructura social.


  1. La Lucha Por La Identidad Y La Estrategia De Homologación


  1. Origen Y Expansión Del Discurso Negacionista


Surgida como una reacción homofóbica frente a los avances de la comunidad LGBTIQ+, la retórica neofascista ha evolucionado hacia un entramado doctrinal que integra posturas misóginas, racistas, supremacistas y misantrópicas. Apoyándose en teorías conspirativas —como la supuesta «agenda woke» o el «gran reemplazo»— y en corrientes radicales como la Ilustración Oscura (Dark Enlightenment) o el aceleracionismo de extrema derecha, este sector promueve la censura y la negación de la diversidad identitaria.


Bajo estos discursos subyace un retorno al determinismo biológico y al darwinismo social. Su propósito no se limita a impugnar la diversidad sexual, sino que busca desmantelar la identidad de pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, poblaciones rom, raizales, sectores campesinos y cualquier colectivo que diste del modelo hegemónico.


  1. La Disputa Por La Diversidad Y La Imposición Del Sujeto Homogéneo


La defensa de la identidad ha dejado de ser una demanda sectorial para convertirse en una causa transversal e intersubjetiva del movimiento progresista. Frente a la pluralidad, el neofascismo busca suprimir las particularidades culturales y políticas para imponer un sujeto social uniforme:


  • Homoafiliación Ideológica Y Cultural: La identidad legitimada por el proyecto neofascista exige una adscripción estricta a principios ultraconservadores, nacionalistas y regresivos.

  • Proscripción De La Disidencia: Quienes defienden causas ambientales, animalistas, feministas o de justicia social son encasillados en el grupo de los «no deseados», viéndose privados de reconocimiento y legitimidad política.

  • Imposición Axiológica: El objetivo final es la sustitución del pluralismo democrático por una identidad monolítica que normaliza la hostilidad, el conflicto y la deshumanización de la otredad como valores socialmente aceptables.


  1. La Impugnación De Los Sujetos De Derechos Y La Deshumanización De La Otredad


  1. Deslegitimación De Los Sujetos Sociales Y Sus Conquistas


Un eje transversal en la agenda neofascista consiste en cuestionar la calidad de «sujeto de derechos» de diversos colectivos. Esta desestabilización persigue un doble propósito: por un lado, despoja de protección a las poblaciones vulneradas; por otro, invalida las luchas e itinerarios históricos que permitieron el reconocimiento de sus garantías institucionales.


Al poner en duda si colectivos como la comunidad LGBTIQ+, los sectores campesinos o las minorías étnicas son titulares plenos de derechos, se erosionan los consensos democráticos alcanzados. Esta estrategia busca preservar y blindar privilegios históricos sin asumir el costo político de una confrontación directa, desplazando el conflicto al plano normativo y axiológico.


  1. Del Disciplinamiento Punitivo Al Autoritarismo Generalizado


La estrategia de deshumanización opera de manera gradual, instrumentalizando el concepto de homo sacer —aquél a quien se puede privar de derechos con la aprobación del cuerpo social— mediante un recorrido táctico bien definido:


  • Punto De Partida (El chivo expiatorio): La deshumanización se ensaya inicialmente sobre sectores cuya marginación cuenta con cierto grado de consenso o aceptación popular, como la población privada de la libertad y/o los sujetos alzados en armas. A través del discurso del castigo ejemplar, la retribución violenta, la expansión del aparato penitenciario o los bombardeos indiscriminados, se normaliza la suspensión de garantías humanas básicas.

  • Aprobación Y Referentes: Políticas de mano dura o de excepción son elevadas a modelos globales de gestión, legitimando la idea de que la dignidad humana es negociable en función del orden social o la seguridad. Modelos de administración fundamentados en la acción militar indiscriminada se erigen como referentes de “control territorial” otorgando legalidad institucional a la deshumanización del disidente, del hereje. 

  • Criminalización Del Disenso: Una vez aceptada la premisa de que ciertos grupos pueden ser despojados de sus derechos, el marco de punitividad y la acción militar armada se extiende a la sociedad civil. La protesta social, la oposición política y el pensamiento crítico son progresivamente tipificados como amenazas, conductas delictivas o aliados terroristas, legitimando la deshumanización de la otredad en pro del bienestar social. 

  • Instauración Del Autoritarismo: El proceso culmina con el cierre de los espacios democráticos, la censura y la consolidación de regímenes de corte autocrático bajo una apariencia de legalidad formal que disfrazan un sistema profundamente deshumanizante contra la diversidad, el pensamiento crítico y el disidente. 


  1. El Principio De No Regresividad Como Salvaguarda Democrática


Frente a esta dinámica de erosión de garantías, el principio de progresividad y no regresividad de los derechos humanos se erige como un límite infranqueable. La pérdida de la condición de sujeto de derechos para cualquier grupo —incluso para quienes han cometido delitos— sienta un precedente que vulnera la seguridad jurídica y la convivencia democrática. Blindar la dignidad de todo ser humano, sin excepción, constituye la barrera fundamental para evitar la normalización de la violencia institucional y la consolidación de proyectos autoritarios.


  1. La Trasmutación Axiológica: Los Antivalores Como Marco De Derechos


  1. Inversión Del Horizonte Axiológico Y Captura Del Sentido Común


La estrategia neofascista busca desplazar la prioridad de las condiciones materiales de existencia para enfocar el debate en una disputa moral e ideológica. A través del uso intensivo del aparato mediático, la desinformación y la distorsión del lenguaje, persigue alterar la jerarquía de valores de la sociedad, presentando como deseable lo que históricamente se ha considerado regresivo.


Mediante este proceso de reconfiguración cultural, principios democráticos fundamentales como la paz, la empatía, la equidad o la dignidad son etiquetados como indeseables o ineficaces. En su lugar, se promueve la adopción de una ética basada en el conflicto, la exclusión y la deshumanización, presentándolas como normas de conducta legítimas y socialmente necesarias.


  1. Objetivos Estratégicos: Legitimación Social Y Positivación Institucional


Esta transformación de los referentes morales persigue dos resultados estructurales coordinados:


  • Legitimación Social (Adopción de masas): La adhesión de amplios sectores de la población a las narrativas autoritarias no constituye un fin aislado, sino la consecuencia del dominio de la agenda mediática y discursiva. Al naturalizar la hostilidad hacia la diversidad, la sociedad asume como propios los marcos que justifican la desigualdad y el repliegue de las garantías colectivas.

  • Legalización Y Blindaje Institucional: Elevación de los antivalores a la categoría de derechos o principios ordenadores del Estado. En este proceso, se despoja de validez a las garantías humanas tradicionales al tiempo que se institucionalizan posturas represivas. Bajo este esquema, adquieren cobertura legal y presupuestaria conceptos como:

    • La promoción de la guerra y la militarización de la vida pública por encima de la resolución pacífica de conflictos.

    • La justicia por mano propia y la punición desregulada en sustitución del debido proceso.

    • La precarización y el abandono estatal en detrimento del bienestar y la protección social.

    • La normalización de la violencia institucional y la indiferencia ante la vulneración de la otredad.


  1. Negacionismo Multidimensional Y Memoria Selectiva


  1. El Alcance Del Negacionismo Multidimensional


Un pilar transversal en la estrategia de la batalla cultural neofascista es el despliegue de un negacionismo multidimensional. No se trata de la omisión aislada de un hecho histórico, sino del borrado sistemático de múltiples dimensiones de la realidad política, social y económica para impedir cualquier análisis estructural del presente:


  • De las condiciones materiales y el marco sistémico: Negación de que la desigualdad es producto de un marco normativo e institucional diseñado para permitir la acumulación excesiva de riqueza en favor de élites reducidas y en detrimento de la mayoría desposeída.

  • De las luchas y conquistas históricas: Desconocimiento de los itinerarios de movilización social que permitieron la consolidación de derechos laborales, libertades civiles y la ampliación de la ciudadanía.

  • De la responsabilidad estatal y las violaciones a los derechos humanos: Supresión o relativización de los crímenes de Estado, los conflictos armados, la violencia institucional, los genocidios y las dinámicas de despolización o deshumanización ejercidas contra poblaciones civiles.

  • De los sujetos, identidades y libertades: Negación del estatus jurídico de las poblaciones históricamente vulneradas, descalificando la diversidad cultural, étnica y de género como categorías válidas de reconocimiento.

  • De las asimetrías y presiones geopolíticas: Omisión de los procesos históricos de saqueo, intervencionismo y medidas coercitivas unilaterales entre naciones, descontextualizando sus efectos sobre la vida cotidiana de los pueblos.


  1. La Memoria Selectiva Como Dispositivo De Autojustificación


Este negacionismo se complementa con la instrumentalización de una memoria selectiva. La narrativa neofascista no borra el pasado en su totalidad, sino que efectúa un triaje ideológico orientado a rescatar exclusivamente aquellos fragmentos que respaldan sus posiciones y justifican su modelo de dominación:


  • Sesgo de confirmación histórico: Se hiperbolizan los errores, desviaciones o fracasos de los movimientos sociales, populares o de izquierda, omitiendo deliberadamente las condiciones de explotación, opresión o violencia que les dieron origen.

  • Legitimación del statu quo: Al fijar en la memoria colectiva únicamente los aspectos que estigmatizan la resistencia social, la estrategia neofascista busca validar sus propios marcos reaccionarios como la única alternativa viables de orden, neutralizando de antemano cualquier intento de transformación democrática.


Conclusiones


  • La batalla cultural como distractor de la estructura económica: El análisis desarrollado permite concluir que la denominada "batalla cultural" no es un fin en sí mismo, sino un mecanismo de desvío estratégico. Al trasladar la confrontación política al plano de la moralidad, los valores abstractos y los pánicos identitarios, el neofascismo logra blindar de la crítica ciudadana las reglas de juego económicas y normativas que perpetúan la acumulación de riqueza y el despojo material.

  • La disputa semántica como precondición del despojo de derechos: La redefinición del lenguaje jurídico-político —mediante la censura de términos como "campesino", "paz" o "dignidad" y la deslegitimación de los sujetos de derechos— constituye la fase previa para la desmantelación de las garantías constitucionales. La eliminación simbólica de un colectivo en el discurso institucional invalida sus demandas materiales y desarticula su capacidad de resistencia comunitaria.

  • La deshumanización gradual como pedagogía autoritaria: El neofascismo no instaura regímenes autocráticos de manera intempestiva; actúa mediante una pedagogía del odio que ensaya la suspensión de derechos en sujetos estigmatizados (población carcelaria, disidentes, minorías) para luego extender la punitividad y el control militar sobre el conjunto de la sociedad civil, bajo la fachada de la seguridad o el orden.

  • El negacionismo como clausura del futuro: La combinación de un negacionismo multidimensional con el uso instrumental de la memoria selectiva busca privar a los pueblos de sus referentes de lucha. Al borrar las conquistas sociales del pasado e hiperbolizar sus contradicciones, el proyecto reaccionario pretende convencer a la ciudadanía de que no existe alternativa posible al statu quo, anulando la imaginación política y la transformación democrática.

  • La centralidad del principio de no regresividad: Frente a este escenario, la defensa de la democracia exige articular las demandas materiales con la salvaguarda irrenunciable del principio de progresividad y no regresividad de los derechos humanos. Blindar la condición de sujeto de derechos para la totalidad de la población, sin excepciones ni matices, representa el único horizonte axiológico capaz de frenar la normalización de la violencia institucional y la barbarie neofascista.