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sábado, 5 de septiembre de 2026

¿Por qué el progresismo NO puede ser de derecha?

¿Por qué el progresismo NO puede ser de derecha?


Cristian Beltrán Barrero


Introducción


Existe un sólido consenso en la historia, la filosofía política y las ciencias sociales: el progresismo es un fenómeno conceptual y praxeológico de la izquierda política. La imposibilidad ontológica de que el progresismo sea de derecha radica en que ambos espectros parten de premisas antagónicas, persiguen fines irreconciliables y recorren caminos teóricos y prácticos opuestos.


  1. La Génesis Del Espectro Político: La Pregunta Por La Desigualdad


Para comprender la distancia insalvable entre la izquierda y la derecha, es necesario acudir a su origen ontológico. Ambos espectros responden a una misma interrogante fundamental, pero lo hacen desde posiciones situadas e incompatibles: ¿Por qué existe la desigualdad? y de conformidad a la forma en la que responden a esa pregunta darán soluciones distintas e irreconciliables sobre ¿Cómo solucionar esa desigualdad?


Entendida la desigualdad en su dimensión multidimensional (económica, jurídica, política, social, cultural y axiológica), las respuestas dividen al espectro político sin espacio para un «centro» neutro o intermedio:


  1. La Postura De La Izquierda Política


Adopta una visión constructivista y materialista. Plantea que la desigualdad es una construcción histórica y social; por ende, es susceptible de ser deconstruida para erigir condiciones de equidad. Esta perspectiva prioriza las condiciones materiales de existencia y la redistribución de la riqueza y de los medios de producción. Su sustento teórico más sólido se encuentra en el materialismo dialéctico, consolidado por Karl Marx como método de análisis histórico e interdisciplinario.


  1. La Postura De La Derecha Política


Responde desde una visión determinista e iusnaturalista. Concibe la desigualdad no como una anomalía social, sino como un orden natural, divino o inevitable. A partir de esta premisa, la derecha articula diversas narrativas:


  • Hipótesis deterministas: Apelan al derecho divino, al iusnaturalismo o al darwinismo social (asumiendo que ciertas jerarquías biológicas, étnicas o de clase están «destinadas» a prevalecer).

  • Hipótesis negacionistas: Afirman que la desigualdad material no existe y que constituye un relato o una ficción psicológica.

  • Hipótesis apocalípticas: Sostienen que alterar el orden jerárquico establecido conduciría inevitablemente al colapso de la civilización.

  • Hipótesis individualistas y meritocráticas: Reducen la vulnerabilidad social a una falla moral o a una falta de esfuerzo individual, desvinculándola de las estructuras del sistema.

  • Hipótesis segregacionistas: Culpan a las minorías o a los colectivos que exigen derechos de distorsionar el orden o agotar los recursos de la sociedad.


Dado que la izquierda busca la transformación de la realidad material para alcanzar la equidad multidimensional y la derecha busca preservar la jerarquía y el status quo, ambas posiciones resultan conceptualmente irreconciliables.


  1. ¿Qué es y qué persigue el progresismo?


El progresismo es la articulación política, jurídica y filosófica orientada a la expansión continua de los derechos humanos bajo el principio rector de progresividad y no regresividad: una vez conquistado un derecho, la sociedad no puede retroceder a un estado previo de desprotección. Su fin último es la igualdad jurídica, social y material de los individuos.


EJES DEL PROGRESISMO 

 

  • Pensamiento Crítico y Sustento Empírico

  • Expansión de Derechos (Progresividad)

  • Empatía Universal (Humanización del Otro)

  • Democratización del Poder


Los ejes transversales que definen al progresismo son:


  • Pensamiento crítico y evidencia empírica: Sustenta sus postulados en el rigor científico y en el análisis fáctico de la realidad, priorizando el debate informado frente a los relatos dogmáticos.

  • Progresividad de los derechos: Es la antítesis del fascismo. Mientras este último restringe derechos y crea jerarquías de privilegio, el progresismo promueve la universalización de la dignidad humana.

  • Consenso intersubjetivo: Rechaza la «mentalidad de colmena» o la sumisión ciega. La convergencia ideológica es el resultado dialéctico del debate abierto y el análisis de evidencias compartidas.

  • Humanización de la otredad: Fundamenta la convivencia en la empatía universal y la solidaridad, concibiendo a la humanidad como un colectivo diverso pero igual en dignidad.

  • Democratización y redistribución del poder: Sostiene que el poder (político, económico y social) debe descentralizarse. En este sentido, la convergencia entre el progresismo y las corrientes socialistas/comunistas radica en la necesidad de democratizar los recursos materiales para hacer efectiva la libertad.


  1. Evolución Histórica Del Progresismo: Del Siglo XX Al Siglo XXI


El progresismo cobró particular relevancia durante el siglo XX a la par del avance industrial, los movimientos sociales por los derechos civiles y la consolidación de las democracias representativas. Heredero del proyecto ilustrado, confió inicialmente en que el desarrollo científico y la razón conducirían de forma automática hacia una sociedad más justa.


Sin embargo, las crisis del siglo XX demostraron que el conocimiento y las instituciones democráticas podían ser instrumentalizadas para perpetuar abusos. Esto impulsó al progresismo a reelaborar sus dinámicas internas:


Dimensión

Progresismo del Siglo XX

Progresismo del Siglo XXI

Fin u objetivo

La distribución y democratización del poder formal e institucional.

La humanización plena de la otredad y el reconocimiento de las diversas identidades.

Medio de acción

La consecución del poder político y la ampliación de marcos normativos estatalistas.

La democratización del poder económico, cultural, tecnológico y mediático.

Legitimación

El pensamiento crítico, la Ilustración y la lucha de clases tradicional.

La interseccionalidad, la dialéctica social y la construcción colectiva del conocimiento.


En el siglo XX, la reestructuración del poder era vista como el fin principal para lograr la emancipación. En el siglo XXI, la humanización del otro y la garantía de su dignidad se constituyen como el fin supremo, convirtiendo a la redistribución del poder en el medio indispensable para alcanzarlo.


Conclusión


El progresismo es de izquierda por consenso teórico y práctico, y resulta imposible ubicarlo en la derecha política. Mientras las doctrinas de derecha defienden la preservación de jerarquías, el determinismo social y la concentración de privilegios, el progresismo se erige sobre la deconstrucción de las desigualdades, la expansión incesante de los derechos humanos y la democratización del poder. Pretender la existencia de un «progresismo de derecha» es una contradicción en los términos que desconoce la ontología de la filosofía política.